domingo, 30 de diciembre de 2007

Fin de año...

Ignoro qué tanto valga la pena despedir el año. Tengo la tentación de vilipendiarlo, eso sí, pero ha tenido eventos felices (los que no lo fueron son más numerosos, claro)...
Cero propósitos. Sea lo que deba ser...
Y felicidad, prosperidad, suerte o lo que sea de bueno para todos...

sábado, 29 de diciembre de 2007

Aparcados junto al océano

busco palabras dulces como la sombra de los árboles.
Mis ojos son los bosques.
La llegada del agua es un largo sueño.

Todas las cosas tienen la forma de mi mano.
Las ventanas se encienden. Algunos hombres miran
la oscuridad, saben lo que desean
pero no saben lo que necesitan.
El cielo quema. Hopkins
mira caer la nieve en los bosques nocturnos,
Robert Lowell mira desde un taxi las luces de Nueva York.

Aparcados junto al océano
nuestras palabras eran
las olas y el castillo contra el que dan las olas.
Palabras dulces, algo que no puedas
entender ni olvidar.
Vemos pasar los ángeles de Milton
y los cisnes salvajes de W. B. Yeats.
Al final del poema está la muerte.

Ángeles parecidos a la luz de un incendio,
cisnes como la sombra de los bosques.

Mi padre conducía siempre coches usados.
Los domingos, casi de madrugada,
cruzábamos despacio la ciudad: calles frías,
letreros encendidos, casas oscuras.

Los que dicen -escribe Paul Celan- la verdad
expresan sombras. La primera luna
es del tigre -decía Pound. Los días
eran largos, pero la vida es corta.

Mi padre buscaba estaciones de radio.
Yo veía las torres de la luz, el cielo
extraño de las fábricas.

La lentitud de los poemas mueve el agua de la mano.
Las palabras de ahora
arrojaban su sombra como un jardín
parece el movimiento oscuro de los cuerpos dormidos.
La sombra de un jardín es el silencio.

Aparcados junto al océano,
vi una estrella caer entre las luces rojas de la costa y pensé en mí.
Cierro el libro: como animales, como redes,
las sombras se retiran. La ventana
que ilumina el abismo, es también el abismo.

Busco palabras como la luz que sube desde el frío
de la noche al sonido azul de las palmeras.
El poema es una fuente: hundo
en él la mano, el agua pone anillos en mis dedos.
El poema es un cuerpo: lo acaricio,
la humedad de su piel deja en mi mano
un animal vacío.

Aparcados junto al océano
no hay palabras hermosas igual que enredaderas,
luces con corazón de leopardo en el oro de los parques;
no hay libros más hermosos que la vida.

Aparcados junto al océano
la noche es el libro; la muerte, una manzana.

Benjamín Prado
Cobijo contra la tormenta (Poesía 1986-2001)
[Hiperión, Madrid, 2002]

jueves, 27 de diciembre de 2007

Memorable

Me encontré con esta foto antigua (cortesía de Francisco Aguilera) en cierto site de la red (esmexico.com), lo especial es que se trata de la vieja Escuela 'Hermanos Talamante', la primaria en donde estudiaron mi padre y mis tíos, en la vieja Navojoa de aquellos días.
---El edificio, me dijeron siempre, data de los veintes, pero jamás he sabido con exactitud su año de construcción o la fecha de inicio de actividades. Yo estudié en la versión 'modernizada' de esa misma institución (erigida en los cincuentas, si mal no recuerdo) y, por supuesto, guarda para mí un sitio especial en la memoria.
---En esa vieja edificación de la foto, si el recuerdo de las palabras no se ha borrado lo suficiente, mi padre asegura que partió madres y le fue partida en más de una ocasión, recibió múltiples castigos (uno memorable: subió a la torre del edificio para matar tecolotitos con su resortera) y avergonzó los oídos de mi abuelo con más de un sermón del director que describió las linduras de su comportamiento infantil.
---¿Cómo no compartir esta fotografía? ¿Cómo hacerme el distraído para con la imagen distante de donde deambularon algunos de mis más cercanos vivos y muertos? Esta imagen me dice demasiado como para no colocarla aquí. Lamento esta venial cursilería, pero no me parece injusto rendir un modesto homenaje a un lugar que ha estado siempre en mi imaginación y, ahora, puedo verlo... Para que esa misma imaginación se transforme otra vez, y mienta más cosas...

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Tres de Ionesco...

- (...) inclusive es a causa de la literatura por lo que ya no llego a comprender nada. Es como si al hacer literatura hubiese gastado todos los símbolos sin penetrarlos. Ya no me hablan de una forma viva. Las palabras han matado a las imágenes, o las ocultan. Una civilización de palabras, una civilización extraviada. Las palabras crean confusión. Las palabras no son la palabra.
- Que me exprese con rigor o sin él, que la metáfora sea justao inadecuada, arrastrada por un verbalismo confuso y delirante, no tiene importancia; de todas maneras, el espíritu profundo se pierde en las explicaciones. La experiencia profunda no tiene palabras. Cuanto más me explico, menos me comprendo. No todo es incomunicable por las palabras, desde luego, sino la verdad viva.
- La palabra no muestra. La palabra parlotea. La palabra es literaria. La palabra es una fuga. La palabra impide que hable el silencio. La palabra ensordece. En lugar de ser acción, consuela como puede de no actuar. La palabra gasta el pensamiento. Lo deteriora. El silencio es oro. La garantía de la palabra debe ser el silencio.

Eugène Ionesco
Diarios (Ed. Páginas de Espuma, Barcelona, 2006)
[Traducción: Marcelo Arroita-Jáuregui -1968-]

jueves, 20 de diciembre de 2007

Dog from the past

Suelta palabras
y saldrán como perros furiosos
cuyo escándalo
podrá escucharse en la inmensa redonda
quizá como campanas
tal vez como un enorme y público edificio
de ruidos necesarios.

Contempla la jauría
que no demanda temor o fijaciones.

En medio de la turba
habita un perro solo y enfermo
(lo sé porque lo vi
muy claro en la risa de un amigo
que hablaba del pasado):
arroja su saliva en un ladrido vacío
inexplicable
salvo por una oscura cicatriz de bala
en la garganta.

(Este es otro poema de un libro en proceso, nada más digo, salvo que -como saben- puede hacerle bien que me llegue una que otra opinión sobre el texto... Siempre se agradece)

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Tres disparos de un escritor colombiano...

-Escribir para mí es el resultado de una búsqueda que tiene muy poco que ver con la literatura; es algo en el tejido nervioso, una salvaje necesidad de expresar lo absurdo e inapropiado que me siento en cada circunstancia. Creo ser una persona intuitiva y emocional, al mismo tiempo me divierte experimentar con diversas formas y niveles de lenguaje. Nunca me propuse ni pensé ser escritor; detesto a los escritores, me parecen fofos y aburridos. Escribir me permite reflexionar sobre las cosas que me obsesionan como el aislamiento a que nos somete el tipo de sociedad esquizofrénica que hemos construido o la forma como hemos convertido el sexo en mecánica funcional y el amor en una lánguida y perversa costumbre. Me gustaría empezar todo de nuevo, partir otra vez desde el génesis en compañía de Paulina Rubio.
-Bogotá es una urbe plena de contradicciones, una ciudad inmensa y, sin embargo, plena de humanidad. También feroz y despiadada, pero divertida. Hay miles y miles de sitios para ir a bailar, millones de bellas mujeres que saben amar y odiar en el mejor de los modos. El transporte, el ron y las putas son más baratos que en cualquier otra parte. La gente es muy educada, hasta los asaltantes suelen tener buenos modales. Si no fuera por el excesivo número de poetas por metro cuadrado sería una ciudad perfecta.
-La mayor parte de la literatura actual es física mierda; hay pocos escritores y demasiados “funcionarios de la literatura”. Me aburre leer a mis contemporáneos, no hay emoción ni intensidad en lo que escriben, no hay fuerza ni inteligencia. Escriben para mantenerse en el “mercado” y porque según ellos es su oficio. ¿Cómo puede ser el oficio de alguien ser escritor? Uno está en el mundo, tiene ira y desenfreno, ha tenido noches inolvidables y resacas terribles. Uno está jodido y entonces golpea la pared, suena el bajo, corre entre los automóviles o escribe... Pero para los pendejos que desde el comienzo tenían como objetivo ser escritores y estudiaron literatura o cosas afines y han sido o todavía son profesores de semiótica y tonterías por el estilo, para ellos escribir es un oficio y por eso no paran de producir caca de ratón enfermo.

Efraim Medina Reyes
(Tomado de una entrevista durante la pasada FIL, si quiere leer algo de este singular narrador de Colombia, consígase Érase una vez el amor pero tuve que matarlo o la estupenda Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, ambas en Seix Barral -o Editorial Planeta si se prefieren las ediciones de bolsillo-)

martes, 18 de diciembre de 2007

La poesía

La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
ni siquiera palabras.

Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.

Eugenio Montejo

lunes, 17 de diciembre de 2007

so you want to be a writer?

if it doesn't come bursting out of you
in spite of everything,
don't do it.
unless it comes unasked out of your
heart and your mind and your mouth
and your gut,
don't do it.
if you have to sit for hours
staring at your computer screen
or hunched over your
typewriter
searching for words,
don't do it.
if you're doing it for money or
fame,
don't do it.
if you're doing it because you want
women in your bed,
don't do it.
if you have to sit there and
rewrite it again and again,
don't do it.
if it's hard work just thinking about doing it,
don't do it.
if you're trying to write like somebody
else,
forget about it.
if you have to wait for it to roar out of
you,
then wait patiently.
if it never does roar out of you,
do something else.
if you first have to read it to your wife
or your girlfriend or your boyfriend
or your parents or to anybody at all,
you're not ready.
don't be like so many writers,
don't be like so many thousands of
people who call themselves writers,
don't be dull and boring and
pretentious, don't be consumed with self-
love.
the libraries of the world have
yawned themselves to
sleep
over your kind.
don't add to that.
don't do it.
unless it comes out of
your soul like a rocket,
unless being still would
drive you to madness or
suicide or murder,
don't do it.
unless the sun inside you is
burning your gut,
don't do it.
when it is truly time,
and if you have been chosen,
it will do it by
itself and it will keep on doing it
until you die or it dies in you.
there is no other way.
and there never was.

Charles Bukowski
Sifting through the madness for the Word, the line, the way (Harper Collins, 2003)

domingo, 16 de diciembre de 2007

Deuda de indigno...

Sólo tengo conjeturas acerca de cómo surgió en mí el gusto por las historias o la gana (infantil e ilusa, por supuesto) de descifrar el incesante rompecabezas del mundo. No dejo de aceptar, por otro lado, que mi afición de hoy es cosa de no mucho lustre, creo que de haber sido más inteligente y menos irresponsable hubiera conseguido alegrar el corazón de mi madre con una mejor preparación o un decente desempeño en lo que hiciera. Pero, finalmente, las cosas son como son y no hay modo de cambiarlas.
---Aunque no sea el tipo más metódico, las virtudes del espíritu científico y sus magias fueron despertadas en mi espíritu gracias a un programa de televisión que, por aviso de mi maestra, descubrí mientras cursaba el sexto año de primaria. Cosmos, bajo la conducción del científico Carl Sagan, fue mi oráculo y el inicio de un asombro indescriptible y progresivo por el dato que llegó (en mí) a tener momentos de ridículo.
---El señor Sagan no solamente ofrecía la jugosa anécdota que ubicaba en tiempo tal o cual descubrimiento científico, también se desplazaba por el mundo para mostrar (en lo posible) los escenarios donde lo que refería se hubiera efectuado. Recorría la isla de Mileto y hacía notar el pozo donde Tales cayó por abstraído, surcaba el mar en el barco de Cook o visitaba añosas habitaciones donde ocurrieron milagros que hoy día venera la ciencia.
---En esas fechas (hace más de veinte años) pasaba la mitad de mi tiempo dibujando, jugando béisbol o comiendo, nada me interesaba más; lo fascinante fue que la escuela (hasta ese momento aburrida y de nulo interés para mí) se transformó ese año en un lugar de descubrimiento verdadero gracias a mi maestra de sexto grado: la profesora Dolores Estrella Duarte.
---No exagero ni miento si digo que mucho de mi empecinamiento, mi terquedad para averiguar ciertas cosas o experimentarlas, se lo debo a ella. Mi grupo era un coctel de buenos estudiantes (increíble pero cierto) que prometía una explosión subversiva a baja escala en corto plazo, y ella supo manejar el tesón y la soberbia de muchos que hoy, estoy seguro, no dejarían de reconocerlo o dar gracias.
---Mi lección mayor (jamás aprendida de modo debido) fue la de la honestidad, la de no ser sino el que emocionalmente (en todo lo demás uno es tanta cosa que ni de uno depende) uno es. La profe Dolores podía estimarnos, pero no iba a permitir que eso le impidiera darnos un escarmiento cuando lo merecíamos (y vaya que era buena para eso). Yo fui una de las muchas bestezuelas inmundas que aprendieron mucho (bueno, ahora creo que no lo suficiente) con su ejemplo y dedicación.
---Sé que no podré darle las gracias del modo que merece pero tampoco ignoro que dentro de su prodigiosa memoria guarda algún recuerdo de mí. Sé también que mi generación completa, aquel grupo disperso y a veces execrable, sabe de lo que hablo y reconoce (o debiera reconocer) lo mismo.
---Imagino que si Dios es justo no puede ser manirroto, por eso convendría pedirle que estrellas de ese tipo, de tan enorme como infrecuente luz, no falten en el camino de cualquiera. Confieso que fui afortunado. Lamento sólo esta prosa innoble.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Para darle vueltas...

La soledad del escritor es muy profunda. Cada uno es único, tiene sus problemas, sus técnicas, que ha adquirido con mucho esmero*; está también su propia vida. No gana mucho hablando con conocidos (o desconocidos) sobre temas de literatura.

Marguerite Yourcenar
Con los ojos abiertos (Trad. Elena Berni. Emecé Editores, 1982)

* Bueno, es lo que debería ser. Quizá por eso resulta difícil llamar escritor a cualquiera, así nomás porque sí...

viernes, 14 de diciembre de 2007

Aparentemente simple...

Miles de intereses van surgiendo con el paso de los siglos, y miles de ellos perecen; ahora es una extravagancia o un arte perdido lo que fue una vez la moda de un imperio, y sólo son asuntos eternos los que nos enardecen hoy y enardecieron a los hombres en todas las épocas del pasado.

Robert Louis Stevenson
Recuerdos y semblanzas (Editorial Siete Mares, Madrid, 2006)
[La traducción es de Ana Escartín Arilla]

jueves, 13 de diciembre de 2007

Dátiles

Jabbar Yassin Hussin, narrador iraquí, poco después de la entrevista que hube de hacerle, prosigue la charla (no sin dificultad, entre su atropellado inglés y mi sumamente insuficiente francés) y hablamos del café que ha dejado de nuevo sobre la mesa y los dátiles que comemos desde hace horas.
---Me cuenta cómo vio su casa ser derrumbada por un dinosaurio mecánico de color amarillo, a orillas del Tigris; que ser militante comunista le costó 30 años de exilio pero le ganó una lengua en la que ahora escribe; que los dátiles que comemos provienen de una plantación en California cuya cepa proviene de Irak; que la palma datilera fue la primera planta del paraíso y el primer abrigo del hombre…
---Yo le digo que, de niño, comí de los dátiles del patio de mi abuela y que dicha palmera (plantada por ella cuando niña, allá por 1933), junto a un árbol de limas y otro de uvalamas, forjaron mi primera imagen de lo que debió ser el paraíso…
---–No es raro –me dice –todos los hombres hemos tenido el mismo sueño…

(Conocí a Jabbar Yassin Hussin cuando vino a participar en la Cátedra Cortázar y en diversos eventos durante la edición XXI de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, si desean acercarse a su obra, puede conseguirse en español su libro de relatos El lector de Bagdad [Siruela, 2006])

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Chipocludo...

La imitación en literatura no es un problema moral sino artístico: todos los escritores utilizan, en grados diversos, formas ya usadas, pero sólo los incapaces de transformar esos hurtos en algo personal merecen llamarse imitadores. La originalidad no sólo consiste en inventar procedimientos; también en dar un uso propio, enriquecedor, a los ya inventados.

Mario Vargas Llosa
(Tomado de La orgía perpetua, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1975)

martes, 11 de diciembre de 2007

From the headmaster...

You see I'm trying in all my stories to get the feeling of the actual life across -not to just depict life -or criticize it- but to actually make it alive. So that when you read something by me you actually experience the thing.

Ernest Hemingway

En una carta enviada a su padre desde París, el 20 de marzo de 1925...
(Tomado de Carlos Baker ed., Ernest Hemingway: Selected letters, 1917-1961, Charles Scribner's Sons, New York, 1981)

viernes, 2 de noviembre de 2007

Circa nada

Imagino
y desgasto más de una frase.

Al final
el habla resulta sucedáneo:
consecuencia de un registro que
–apenas enfrentado al orden necesario que la lengua demanda–
comienza a borrarse.

Me aproximo a decir nada
seguro de las cosas que se han ido
lejos de la voz.

(Otro lamentable poema que suplica la ayuda de sus piadosos lectores, por favor)

domingo, 21 de octubre de 2007

Poética

Mi cosa de escritura es sólo la afirmación de que la poesía es un no sé, que busca no sé qué rayos. Entiendo el poema como un sistema de instantes incumplidos que exigen cierta voluntad de ánimo para ordenarse.
---Estoy seguro que poema sin atmósfera no es poesía, y que siempre estamos obligados a regresar humildes a lo elemental.
---Por último, me tiene sin cuidado cómo escriban los demás y mucho menos me interesan las ciencias oscuras de las definiciones de la poesía. Entiendo que un oficio que no divierte hay que dejarlo.

Jeremías Marquines
(Esto lo dice en un blog pero, si no ha leído a este poeta, búsquese el poemario El ojo es una alcándara de luz en los espejos -editado por el Fondo Editorial Tierra Adentro en 1997- y no se arrepentirá)

sábado, 20 de octubre de 2007

Devoción

“Gracia de Dios, comida para el pobre” fue lo último que oyó decir Basilio a su maestro. Estaban en la plaza, como otras veces, pero en esta ocasión el viejo Cucufate no sermoneaba, no pedía por sus enemigos y sus huestes miserables. Ahora tenía los ojos vueltos hacia arriba y en el cuello un pozo de sangre derramándose. Basilio escuchó a la multitud burlarse del maestro como si fuera un puerco para la fiesta y, con una claridad terrible, sintió un odio del tamaño del amor que recordaba haber jurado para Dios.
---Del clan, sólo Basilio estuvo presente durante la ejecución. Cuando volvió a los subterráneos, volcó su rabia en el cuerpo de los otros, les injurió y reclamó su tibieza, su dejar morir al viejo con la cobarde resignación que él mismo llegó a predicar.
---Al día siguiente despertó en un extraño sosiego, recordaba con insistencia una de las frases del maestro: “Los sueños son la respuesta de Dios al sufrimiento”; entonces supo lo que tenía que hacer.
---El viejo era piadoso, cuando hablaba del mal lo hacía con la serena convicción de quien todo lo lee o lo escucha. Basilio siempre estuvo seguro de esa impresión. Guiado por su pesadilla, llegó al aposento principal y, de entre las vasijas, tomó una que estaba forrada con cuero de buey, semioculta, y salió a la superficie.
---Recorrió la ciudad como el mendigo que era, con rumbo al norte. Se internó en los desolados bosques de las tierras altas, donde sólo salteadores y asesinos cuando huyen. Creyó escuchar el aliento de los lobos y era su propio resollar, juró sentir el frío de la muerte en el rostro y sólo eran sus lágrimas y el viento.
---Cuando el cansancio lo venció, cayó de bruces sobre la tierra húmeda. Poco después, ya repuesto, estrelló la vasija contra un árbol y levantó del suelo los viejos rollos de papel. Con un cuidado reverencial los extendió y, con la poca luz de la tarde, comenzó a leer en voz alta: “Libro de las invocaciones de Simón el mago”...
---Meses después, un ejército de bárbaros arrasó con la ciudad que nada recordaba de Basilio. Cuentan, los pocos vivos, que llegaron al mando de un auténtico demonio, un hombre cuyos ojos ardían. Dicen que lo primero que hizo fue vaciar de cristianos las catacumbas y degollarlos a todos. Dijo, según se recuerda, llamarse Simón.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Y punto.

Diga lo que diga la opinión popular, afirmen lo que afirmen los propios clásicos, lo clásico no pertenece a un orden ideal, ni se alcanza adhiriéndose a una serie u otra de ideas. Por el contrario, lo clásico es lo humano; o, por lo menos, es lo que sobrevive de lo humano.

J. M. Coetzee
Contra la censura (ensayos sobre la pasión por silenciar)

jueves, 4 de octubre de 2007

Nudos

Ante lo convencional que resulta, como estrategia literaria, soñar a otro o ser soñado por él, un hombre decide ser él mismo y ensayarse distinto en lo que hace.
---Como un escritor, se piensa un solitario asesino, de golpe y cuchillo, que aguarda en un oscuro callejón por su presa femenina.
---Como un asesino, se sabe competente, rápido y preciso, de tal suerte que no tarda sino pocos segundos en partir la cabeza de una dama que, incauta, tuvo la ocurrencia de pasar por ahí.
---Como un artista, dibuja a puro trazo de navaja la flor que imagina en el abdomen de la muerta, derramando el rojo de sus pétalos que se abren y crecen con cada tripa que brota del boceto.
---Como un sastre, deduce que el antes verde vestido de la difunta luce ahora un estampado marrón oscuro, más elegante y adecuado a los tiempos que corren.
---Como un marino, extraño y alejado de todo, decide poner en práctica, con cada tripa que ha conocido el aire por la herida, sus vastos conocimientos en el arte de hacer nudos. Desde los más sencillos hasta los más elaborados, todos acaban deshechos, como si usara cabellos.
---Como un niño, se asegura de que no existan testigos de la travesura, arranca los ojos del cadáver y se pone a jugar a las canicas.
---Como un cocinero, orgulloso de su logro, sólo piensa en que descubran el cuerpo aún caliente, que se admire la oscura consistencia del viscoso turrón que enamora las moscas.
---Como un asesino, de nuevo, huye por la noche amparado en la estatura sin luz de cada sombra que proyecta la ciudad.
---Como un escritor, llega a casa, lava los rastros de sangre de sus manos, cambia de ropa, enciende la luz de su estudio, se coloca frente a la máquina de escribir, piensa en lo convencional de ciertas estrategias literarias y decide ser él mismo.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Tripas, corazón y bofe...

La pirueta por la pirueta, el muestrario fantástico de una inmensa capacidad de invención verbal, se me queda un poco en el vacío, porque no ayuda a la historia en el sentido de la eficacia narrativa.
(...)
No eres tú el que tiene que ser inteligente; es el libro el que tiene que serlo.
(...)
En el libro que es bueno el autor no está ahí, no se le nota.

António Lobo Antunes
(Las citas provienen del libro Conversaciones con António Lobo Antunes de María Luisa Blanco, publicado por Siruela en 2001... Ah, y las cursivas de la primera cita son mías)

sábado, 29 de septiembre de 2007

Algo de lo que no abandona la memoria

Hace por lo menos diecisiete años, en algún suplemento literario nacional, topé con un ensayo pequeño en el que se hablaba de narrativa “fractal” y se mencionaba, entre otros nombres, el de un atípico escritor originario de Brooklyn (New York): Paul Auster. De algún modo, lo poco que ahí se decía debió ser atractivo para mí, de manera que busqué infructuosamente sus libros por un tiempo. Meses después, llegaron a mis manos The Invention of Solitude y The New York Trilogy, en sobrias ediciones “paperback”. Mi entusiasmo fue inmediato.
---Poco después, algunos escritores mexicanos comenzaron a abordar su obra (que ya se editaba en España, bajo el sello editorial Anagrama, y comenzaba a circular en este país). Federico Campbell publicó un ensayo excelente acerca de La Invención de la Soledad, y yo tenía ya en mis estantes Leviatán y esa pequeña joya perturbadora que es La Música del Azar. Gracias a otra inolvidable persona, conseguí una copia de The Art of Hunger, una reunión de ensayos y entrevistas que me acercó un poco más al modo como Auster mira la literatura y a sus atractivas (o desconcertantes) obsesiones como lector.
---El Palacio de la Luna, En el país de las últimas cosas y Mr. Vértigo, confirmaron que Auster no había llegado como un inquilino convencional al templo bizarro de la novela norteamericana. Fanático del béisbol, lector devoto de Kafka, Hamsun, Borges y Cervantes, cuando terminó su carrera embarcó como simple trabajador en un carguero en el que recorrió buena parte del globo, trabajó como “negro” literario en Francia y fue ahí donde comenzó a escribir, aunque no lo parezca, poemas. Después de El cuaderno rojo –iluminador– y Why to write, pude leer su poesía completa, Disappearences, que años después se editaría en español bajo el sello de PreTextos.
---De su aventura pasajera (hace poco retomada) en el cine puedo decir poco, pero me encantan la película Smoke de Wayne Wang (también la versión cinematográfica de La Música del Azar, con Mandy Patinkin y James Spader, aunque no sé cuál fue exactamente su rol en la produccion salvo por un cameo en el final de la cinta) y su secuela (dirigida por él mismo) Blue in the face.
---La “fiebre” Auster, que con los años se ha incrementado en sus lectores de lengua española (a pesar de algunas lamentables traducciones), se origina –creo– en una puesta en juego de múltiples apariencias de lo real, cuyas conexiones van signadas por el azar, la infrecuencia y la interferencia de los universos ficcionales de la tradición en nuevas historias donde los personajes hallan su determinación en todo aquello que no se supuso jamás que debía o podía siquiera ocurrir.
---Habrá que esperar, después de Tombuctú, Experimentos con la verdad, El libro de las ilusiones, La noche del oráculo, Brooklyn Follies y Viajes en el escriptorium qué nuevos rumbos toma la escritura de este imprescindible escritor. Me agrada recordar sus palabras en una reciente entrevista: “La escritura enseña mucha humildad. Las malas oraciones, las ideas fallidas, los esfuerzos vanos… Detrás de cada libro hay carnicerías, incendios y naufragios”. Le debo, como muchos, lecciones inapreciables y momentos de lectura que no se irán de mi memoria.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Amor

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

Antonio Gamoneda
Libro del frío (1992)

martes, 25 de septiembre de 2007

3. As if

Es como si amáramos.
Es como si sintiésemos.
Es como si viviéramos.

Esto fatiga.
Hasta se ansía un error.
Puede que al equivocarse,
los actores rocen la verdad.

Rafael Cadenas
Memorial (1977)

lunes, 24 de septiembre de 2007

Nostalgia de por la tarde

El que tenía costumbre de poner las manos
sobre la mesa blanca junto al pan y el agua,
traje rugoso de fervor y alpaca,
y aquella su esperanza filial en los domingos,

ya no conmueve nunca el suave pensamiento de la fronda
con el doblado consejo de su paso.
Y el taciturno banco entre los álamos dormido
y aquel campito hirsuto a quien las lluvias respetaban.

Qué tedio los sepulta como la muerte a los ojos
que no los cruza nunca la bendición de unas palomas,
que tengo que soñarlos, mi amiga, tan despacio
como quien sueña un grave color que nunca viera,
como quien sueña un sueño y eso es todo.

Porque quién vio jamás
pasar al viejecillo
de cándido sombrero bajo el puente
ni al orador sagrado en la colina.

Yo vi al lagarto de liviana sombra
distraerse de pronto entre su sangre,
quedar inmóvil, sí, tumbado,
pesando e incapaz de confundirse ya nunca con la tierra.

(El que tenía costumbre de cruzar las manos
sobre la mesa blanca para mejor mirarnos,
su mueca de morir cuándo la he visto,
su mueca parda.)

He visto al pez de indestructible púrpura,
en la mañana arde como criatura perpetua de la llama,
olvida los trabajos mugrientos de su sangre,
yace perfecto y la madera sagrada lo levanta.

Pero quién vio jamás
el ruedo misterioso de tu falda
mientras cortas las rosas en la tarde
ni el roce y la tristeza de la lluvia
como un ajeno llanto por mi cara.

Porque quién vio jamás las cosas que yo amo.

Eliseo Diego
Obra poética (1994)

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Más perorata

La impúdica belleza de los trastos o una mañana húmeda y oscura pueden deshacer el ánimo de cualquiera, cierto, pero no todos somos susceptibles de comunicarlo, decirlo de modo que otro posible rescate un ápice de aquello para combinarlo con lo suyo propio (el agua de avena bebida algún día o el olor de alguna flor mítica de la infancia). En esa capacidad probable de referencia vívida es que se ampara mucha de la actividad de los artistas, aunque, justo es decirlo, cuando digo referencia hablo de aquella que “nutre” lo que busca comunicar, que lo “desnaturaliza” al punto que lo vuelve “otra cosa”. Además, sugiero que en este proceso interviene muy poco (o nada) la voluntad del creador, al menos en aquello que consigue despertar el ánimo en el lector o espectador, lo que excita su curiosidad y lo aleja de la obligación (cualquiera que sea su naturaleza: personal –siempre engañosa– o institucional –perjudicial con frecuencia–).
---Para el artista de cualquier disciplina resulta fundamental no desconocer los procesos técnicos y su evolución de acuerdo con su área de desempeño, cierto, pero también debiera serlo el reconocer, lidiar y personalizar su relación con el momento opaco y tormentoso que le llama a realizar lo que hace. Esta zona de desahucio, este páramo insulso y recurrente ha recibido miles de nombres a lo largo de los años, como si en su identificación y clasificación radicara su importancia.
---Quizá por eso algunos escritores o artistas plásticos o músicos desdeñan la formación profesional al considerar que “puede” entorpecer su relación con lo que hacen. Quizá, también, sea esa la razón de que mucho del arte contemporáneo resulte poco atractivo por sus visibles deudas o repetitivos manejos de ciertas técnicas.
---Viene a cuento rescatar la mirada “como de pasada” que sugiere cierto verso de Shakespeare en relación a cómo ver el mundo y su posterior traspaso a la escritura. No quiero ofender la loable labor del especialista, pero la mayoría de ellos está sumamente lejos de intentar algo más allá de la clasificación o la descripción.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Otra perorata

Los libros, tengo esa impresión, no son artefactos para la simple acumulación exhibicionista o la disección minuciosa que en ocasiones los destruye. Son, me parece, un pretexto que encuentra en el papel o el ciberespacio una justificación material de existencia que ofrece posibilidades para la disposición: primera, la de entregarse al casi inútil y cada vez más infrecuente placer de la lectura y, segunda, la de verse envuelto por los signos de una realidad tal vez más intensa y vivificante que aquella en la que ingenuamente deambulamos como seres entregados al deber de sobrevivir gracias a la condena del trabajo y las obligaciones ineludibles del contacto con la tribu malediciente y terrible de las convenciones.
---Y raramente sobreviven igual los mamotretos editados desde el dogma racional o el comedido alarde sin sentido de la heroica y soberbia juventud. Pareciera que dejamos de lado esa oscura experiencia de ser ante el espejo de letras que ordena la existencia de los menos, que nos pesa saber la impura técnica que nos conmina a descifrar lo poco que deseamos desde la experiencia inconsciente del que mira los estanques fluir sin que suceda el movimiento. Nos burlamos ante lo inmediato de adjudicar la categoría de absoluto a la sentencia móvil que no se desnuda como simple, que no se conforma con el trazo mediocre del habla mínima que concede el respiro y las simplezas de la gula o el coito.
---Quien elige darse de topes con la nada pacífica revuelta que genera la lectura de José Ángel Valente o Eliseo Diego, de Vallejo o Neruda, de tanto etcétera dormido ante unos ojos que quieran despertarlo todo, no puede sino lamentar la gélida pobreza amateur del conversador arbitrario que a toda luz traiciona la dignidad de ejercer su propio idioma con la sencillez que evade los rigores de la academia y las calenturas de la bienintencionada ignorancia.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Perorata

¿Por qué amar el desastre? Simplemente, porque ofrece una mejor continencia de espíritu que la inocente alegría. No se trata de mero pesimismo. La inestable y poderosa sensación del sufrimiento conduce y encamina, resuelve la consigna paradójica de ser con su inminente verdad de desamparo inevitable.
---Una cosa es buscar sin remedio la parcial felicidad y otra, muy distinta, reconocer que su encuentro es imposible. Y sé que aquí vendrán los discursos del dogma para decirme que mi falta de ánimo proviene de un no saber, de un evitar las bondades espirituales de la calma contenida que ofrece sosiego y convencimiento. Y yo responderé que vivo enfermo desde que dejo de saber si acaso la palabra comunica o destierra lo que dice o pretende; digo que no sé de algo que salve la carne de mirarse sucia y enclenque ante el deseo y la tensión de más de un mal llamado pecado.
---No, señores de la pericia verbosa e inútil de los altares y la ramplona civilidad cargada de olor a togas y jazmines, jamás. Que todo eso se vaya mucho por donde se dice que la verdad asiste. Permitan y permítanse no volver la cara y decir a lo que nada contesta.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Qué bueno...

Muchísimas cosas del mundo son un completo desperdicio, basura sin importancia. Otras, en cambio, vienen con la marca invisible del oro que hila la vestidura de los dioses. Hacen pensar que venir a este bendito estercolero puede resultar no tan lamentable. Logran que la vista nos sirva para algo más que su pobre y triste propósito, que la nariz perciba memorias que faltaban, que el oído imagine la música que quiso, que las manos construyan un cuerpo o una pesadilla, que la boca conozca la frontera minúscula del beso.
---Sé que muchos a quienes doy amistad o amor maldicen la muy natural proclividad al desastre de la cursilería, esa muleta emocional tachada como baratura o remedo de viejas y melosas clases sin hambre. Sé también que esgrimirían un sable contra su propia carne si llegaran a verse en el espejo común que delata sus bajas ternuras o negras aficiones por la fresa pulsión de ciertas formas colectivas de demencia.
---Pero nada es así de tajante. No siempre, al menos. Viejos maestros supieron lo ruin que llega a volverse la existencia sin el trago amargo de una bella canción que no posee el alto propósito redentor de significar, que no busca la falsa impresión de lo importante, que se sabe maltrecha y espuria pero llena de lo simple que nutre más de una ciega muchedumbre consumista, pero viva, sumamente viva.
---Uno puede negar por miedo de caer o de perder algún malogrado prestigio, pero llega el punto donde la nota pop nos toca como un hierro de marcar y somos la mansa res dispuesta, un estúpido pero emocionado rumiante.
---Más de un aguerrido fanático de Tom Waits o The Velvet Underground intuye, sin reconocer, que sus frágiles entrañas pueden responder al sucio y ajeno acorde de una balada de Reo Speedwagon o una cumbia de arrabal. Y, a pesar de todo, aunque su negativa sea una defensa y su escudo sapiencial les cubra y brinde crédito, no podrán mentirle a su cuerpo. Por este motivo, entre otros muchos, creo que vinimos al mundo para tragar mentiras y vivir sus consecuencias. Nada nos salva de lo cursi. Y qué bueno.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Simpatía

Los hombres no saben por qué les satisfacen las obras de arte. No son verdaderamente entendidos, y creen descubrir innumerables excelencias en una obra, para justificar su admiración por ella, cuando el fundamento íntimo de su aplauso es un sentimiento imponderable que se llama simpatía.

Thomas Mann
La muerte en Venecia (1912)

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Cita de cabecera...

[El] acto poético es el empeño total del ser para su revelación. Este fuego de conocimiento que es también fuego de amor, en que el poeta se exalta y consume, es su moral. Y no hay otra.

Eugénio de Andrade
Os afluentes do silêncio (1968)

martes, 11 de septiembre de 2007

Bien

Intuyo que el sol
sigue diciendo a la sangre
secretos antiguos
y deja una cosquilla trágica
en el agua estancada.

El mundo
bajo la incómoda cubierta
de lo que escucho
y nombro
a ciegas
en la discreta permanencia
del dolor.

Todo está bien
si las palabras permanecen lejos
de lo que toca la luz
o suena
para no ser comprendido.

Cuando nada traiciona
la irreparable bondad de unos labios cerrados.

(Este poema forma parte de un libro en proceso, agradecería a mis cinco caros lectores me comenten algo acerca de él, lo necesito. Vía mail, claro. Hagamos algo por el textito ¿sí? Gracias de nuevo, millones...)

lunes, 10 de septiembre de 2007

Tiempos que corren (hacia atrás)

Hace años, el poeta Homero Aridjis, en cierto programa de televisión, fue cuestionado sobre aquellos escritores de su generación (o menores –en edad–) que suele leer. Su respuesta fue sencilla y contundente: “veo a muchos escritores que conozco demasiado preocupados por promover su carrera, por ser escritores antes de preocuparse por lo que escriben, por construir una obra”. Añadió que algunos de los mayores poetas del siglo anterior fueron personas que figuraron poco o nada en sus parnasos locales mientras vivieron y que ello en nada aminora su estatura patente de poetas (vale citar aquí a Pessoa, Cavafis o Gombrowicz).
---Quizá el foro no haya sido el adecuado (sepa Dios cuál lo sea), pero me parece que lo dicho no falta a la verdad. Cualquier estantería de libros en este país (o cualquier otro, supongo) consigna la tajante fatalidad de la pasada afirmación: las editoriales nacionales o internacionales exhiben títulos de actualidad y convencen a cualquiera de que la promoción es más válida que la buena escritura. Pero eso no es todo, también modifican el carácter de muchos lectores que, buenamente, olvidan o pasan por alto una tradición que funda lo que consumen, se quiera o no. Aunque las cifras sean siempre pobres (en evidencia y significado), algunos parecen contentarse con el hecho de pactar sus apariciones en medios impresos o coparlos gracias a la magia del contrato editorial y el rótulo que ampara un número de copias editadas.
---Algo va a costarnos esta tendencia ominosa que afecta el ejercicio de la mayor parte de los escritores que, hoy por hoy, integran la dieta del lector de obras literarias. Las opiniones de estos nuevos estrellas de la narración, el ensayo, la crónica o la poesía, pueden parecernos sensatas o coherentes, no así sus actitudes. Bueno que conserven el caparazón adusto de quien sobrevive sin mayores alcances de mirada. Malo que no les interese lo que ciertamente les incumbe. Penoso que nos lleven a un baile que sólo pobrezas anuncia, que apenas cenizas promete.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Viejo reporte de clima

Cuando era niño, el clima religioso de mi casa tenía una doble pesadez casi divertida. Por una parte, como herencia de una larga tradición, mi madre mantuvo muchos años un régimen de resignada aceptación de los (que ella suponía) designios divinos; imaginaba la mano del Señor como la ejecutora de una justicia incuestionable cuyos signos eran el dolor y una silenciosa (pero visible) vergüenza de sí.
---Mi madre resulta impositiva y radical la mayor parte del tiempo. Mi niñez se tiñó con los tonos amargos de la misa obligada de los domingos y los primeros viernes de cada mes, a eso deben sumarse las constantes visitas “extra” al templo: novenarios, primeras comuniones, bodas, oficios de cuerpo presente (no sólo de familiares), bautizos, confirmaciones y demás pretextos.
---El camino al cielo, según mi madre, estaba sembrado de espinas pero había que apechugar, morderse uno y la mitad del otro porque no había salida. Dibujó para sus hijos la imagen de un Dios omnipotente pero muy poco amoroso, un ser demasiado listo y sin piedad pero que (curiosamente) siempre tenía razón. El ojo múltiple de la Divina Trinidad nada pasaba por alto y el libre albedrío era una trágica broma de buena voluntad pero deplorable gusto.
---Mi padre, en otra frecuencia, vive reclamando al destino; y aunque su fe llega al histrionismo risible, es auténtica. Su diferencia con respecto a mi madre es formativa, huérfano desde los siete y sin mucha educación formal, tomó la senda del autodidacta retobado que, al final, lo condujo a las filas de la masonería local (tan dada a comer curas a discreción y suponerse poseedora de verdades trascendentes).
---Para su bien, mi padre está (ha estado siempre) loco. No importa cuán ridículas y contradictorias fueran sus conclusiones en el ámbito de la moral, su firmeza de carácter y algunos instrumentos caseros de tortura sostuvieron siempre su ceguera de juicio. Con todo eso, poseyó una clase de honradez que, a pesar de sus desastrosas consecuencias económicas, marcó la conducta de sus hijos y lo salvó del aborrecimiento total.
---La combinación no pudo ser más curiosa; si mi madre insistía demasiado sólo teníamos que denunciarla con mi padre y este nos dispensaba de algunas ceremonias sólo para imponerse sobre ella. Resistir era imposible cuando ambos estaban de acuerdo, por eso, la única manera de evadir la asistencia a misa era la provocación o, ya de plano, el terrorismo herético a baja escala (hace pocos años, confesé esto último a mi progenitora y descargó su furia arrojándome un cenicero).
---Así las cosas, estoy seguro de que mis padres hicieron lo mejor que podían, lo que creyeron era lo justo, lo indicado de acuerdo con lo que creen. Por mi parte, después de la adolescencia, he pasado por múltiples etapas en las que he mirado la figura de Dios de distintos modos y desde variados puntos de vista; comprendo cada vez menos, cierto, pero dejó de mortificarme ya la presencia de su idea (grave y felizmente real, para mí). Vivo, por supuesto, sumergido en sencillas dudas pero puedo reírme todavía y tratar de pasarla lo menos mal posible al amparo de aquello que he conseguido creer.
---Nuestra ridícula medida puede insinuar muchos significados para la inacción y mudez habitual del Señor, de acuerdo, aunque mi posición es la de no esperar sino eso precisamente, su silencio inconmovible. Dios es, tal vez, la palabra más cargada de inmanencia que puedo imaginar (¿seré judío?) y existir o no es cosa que, seguramente, le tiene sin cuidado.
---Según mi madre, nada me salva del infierno; según mi padre, Dios vive equivocado para con él pero conmigo ejercita su justicia con precisión. ¿Consecuencia? Somos un trío miserable (y eso, según él, prueba lo que dice).
---Lo único que buenamente supongo (la verdad, estoy seguro) es que Dios debe estar riendo de buena gana mientras mira cómo escribo estas líneas y recuerda que ya sabía lo que yo iba a anotar.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Inocentada, tal vez...

Puede que, si todo sigue como hasta hoy, el libro como objeto (hecho de papel, goma e impreso con tinta) desaparezca y deje tras de sí una evidencia material desconcertante para quienes contemplen ese momento. Puede también, ojalá, que no esté yo entre esa turba desafortunada de espectadores. Me parece que no veré ese triste día porque mi plan es defender el libro de sus detractores, concientes o no.
---Quienes combaten, con conocimiento de causa o sin él, el libro como objeto no ignoran muchas veces que ha sido el vehículo transmisor de cultura por excelencia, más bien su ofensiva se basa en la defensa de un progreso tecnológico (o una idea de lo que es) que, bajo el argumento de facilitar el acceso a la información, privilegia el desarrollo del medio sin tomar en cuenta algunas consecuencias claras de eso.
---Si bien es cierto que jamás antes se tuvo la posibilidad (creciente) actual de contener o almacenar datos, la naturaleza del medio nos aleja cada vez más de una probable capacidad discriminadora sobre esos mismos datos. En palabras de Franco Ferrarotti: “tendremos mucha información de la cual no comprenderemos nada”. Mientras la televisión sufre de un progresivo empobrecimiento de contenidos, la red informática mundial lesiona gravemente la (ya demediada) lectura como actividad y proceso. Del mismo modo, los cambios culturales que se gestan actualmente sólo parecen indicar que, dentro de algún tiempo (imposible determinar cuánto), este mundo se hallará más dividido y polarizado que nunca.
---Desde los resultados lamentables (en términos de desarrollo humano) del capitalismo tardío hasta barbaridades como la “ingeniería del alma” del llamado socialismo real, el progreso tecnológico ha dado muestra del tamaño del peligro que puede enfrentar quien queda fuera de él o simplemente no lo concibe como centro de fe. Si a esto se suma la incapacidad y falta de visión prospectiva de las religiones, entonces cualquier esperanza para el espíritu o la voluntad solidaria sin interés (por no mencionar el amor, que a tantos suena como ridículo o desfasado) está perdida.
---No es mi intención parecer pesimista pero no veo otro modo de interpretar el panorama que se vislumbra, dadas las condiciones actuales. A los jóvenes de hoy el libro les parece una antigualla que no merece la pena y la educación formal ha fracasado en su intento (inocente) de promover la lectura o el “consumo” crítico de bienes culturales. Nuestras dependencias han cambiado, nuestro sentido de la realidad circundante (y nuestro juicio sobre ella) es de una llaneza deprimente (sobre todo si se compara con el de un lector promedio de mediados del siglo XIX, con la serie de injusticias que acarrea tal comparación), nuestros intereses son mezquinos o triviales, nuestra capacidad léxica es risible y la referencia de nuestras emociones es pobre hasta el ridículo. Y eso que evado con toda intención hablar de nuestro sentido de moral y de ética, no sea que acabemos en llanto.
---Nadie puede oponerse a cambios de esta naturaleza, cierto, pero si el libro y su lectura ayudaron siempre a contravenir de modo mínimo algunos aspectos de nuestra patética evolución como especie, es un hecho que eso está por cambiar. Leeremos de modo distinto, quizá soportando cada vez más la radiación de la pantalla, a texto corrido sin el descanso físico de la vuelta en cada página, sin el aroma del papel y, lo más grave, sin la atención debida y con una imaginación poco ejercitada en abstracciones necesarias.
---Perder la posibilidad de descubrirnos “más profundos y más extraños de lo que creíamos” (Harold Bloom dixit) nos conducirá, tristemente, a degradar nuestras ya ínfimas reservas de tolerancia y comprensión para con los demás. Nunca, como hoy, he juzgado las pesadillas de Campanella, Moro, Bacon, Verne, Wells, Zamiatin, Kafka, Çapek, Orwell, Asimov, Bradbury, Philip K. Dick o Ursula K. LeGuin tan necesarias...

domingo, 2 de septiembre de 2007

Morbo saludable

En ocasiones, los artistas (y entre ellos los escritores) tienden a mutar su frágil naturaleza para convertirse en algo más que aquello que les tocó, bajo el signo rudo del azar y algo de voluntad, llegar a ser. Algunos ejemplos, sabidos o no, ilustran como el olvido contribuye a que se ignoren algunos rasgos de su personalidad en favor de lo que su obra consigue significar para sus lectores. Tales detalles de la personalidad pueden sorprender, extrañar o acentuar esa admiración.
---A pesar de la estatura poética de François Villon y la protección que recibía por parte de su tutor (un clérigo que, todo hace suponer, no fue el mejor ejemplo para el joven bardo), nada impidió que parte de su fama se debiera a un proceso que se le siguió por robo, en el cual se ventilaron también algunos delitos menores y un probable asesinato (no comprobado). Su afición a las mujeres de vida galante era proverbial y no hay duda de que la gorda Margot debió tener un referente verdadero, material, vivo. Su desaparición evade en parte el misterio porque no es difícil suponer que, tras la huída de París, encontrar la muerte era lo más seguro en esos años.
---Baudelaire fue un dandy llorón que pidió ayuda económica a su madre casi todo el tiempo. Sus cartas testimonian su enorme habilidad para la mentira y el engaño. Le gustaba gastar y disfrutar de placeres que sólo el dinero consigue. Cuando recibía algún pago o préstamo, se alojaba por temporadas en hoteles de buena monta y no salía de ahí hasta que la deuda o un gerente iracundo acabaran por echarlo. Hay quien dice que adoraba a su mulata mujer, pero su carácter retador y anticonvencional (más cerca del inmaduro exabrupto que de una actitud reflexiva) llega a poner en duda tal cariño; aunque su dependencia de ella y de la madre pueden demostrarse.
---George Orwell vivió oprimido por la culpa casi toda su vida de adulto; desdeñó con rigor la educación que había recibido y aprendió a odiar al imperio británico que le ofreció, además de trabajo, una estancia birmana donde experimentó la injusticia del poder sobre los sometidos. Quiso, buscó y consiguió vivir mucho tiempo casi como un paria (durante su estancia en Francia lo logró), decía aborrecer las maneras, usos y costumbres del mundo donde creció y, con todo eso, su esposa delataba, en una carta, que el escritor no podía dejar de comer sin vino y, además, impedía que sirviera la mermelada directamente del frasco para obligarla a servirla en un plato pequeño “como debía de hacerse”. Quien alguna vez fue conocido como la “conciencia de una generación” tampoco evitó hacerse famoso como maestro de escuela, experto en el manejo de un bastón con el que castigaba a sus alumnos.
---Así como puede uno conmoverse con la lectura de La madre y celebrarlo, Máximo Gorki, cuando estuvo al frente del organismo del estado que agrupaba a los escritores de la desaparecida Unión Soviética, su tibieza posibilitó (tal vez) los suicidios de Maiakovsy y Esenin, permitió la desastrosa condena de Osip Mandelstam y no se opuso al confinamiento domiciliario de Anna Ajmátova. Intocable, acomodaticio y privilegiado, parte de su leyenda estriba en saber callar ante el dolor de algunos de sus conocidos, compañeros de gremio y amigos personales.
---La lista de ejemplos puede continuarse, pero carece de sentido después de todo. Si Hemingway saltaba sobre las esposas de algunos de sus amigos o Joyce sufría frecuentes ataques de llanto ante la evocación de la figura de su madre, al punto de ovillarse y quedar inmóvil, son cosas que no interfieren con lo que de su obra queda (lo verdaderamente importante, pues) en la memoria sensitiva y el imaginario de la cultura en occidente. Pero esas curiosidades los plantan, creo, como seres de carne y hueso, amables y deleznables a la vez, hechos del barro sucio donde podemos reconocernos. Saber puede no servir, pero sí ayudar a comprender y releer de distintos modos. Todos saludables, sin duda.

viernes, 31 de agosto de 2007

Mi amigo tiene razón... Se aparece...

El material con que se construyen las palabras
y la argamasa que lo une
me han ido enseñando poco a poco
un ritmo secreto y solitario.

He aprendido así que toda construcción es una música
y que toda música está hecha de miradas.
La mirada de una palabra es su sentido,
entre los párpados temblorosos de una pérdida.

Porque no somos nosotros los que miramos las palabras:
son ellas las que nos miran a nosotros
y quizá también más allá de nosotros,
parpadeando con un ritmo secreto y solitario.

Tal vez mañana encuentre una palabra
que ya no mire hacia ninguna parte
y que tampoco parpadee.
Una palabra que se deje mirar.

Roberto Juarroz
Poesía vertical [Antología] (1991)

jueves, 30 de agosto de 2007

Áspera verdad...

... la materia prima de la literatura no es la felicidad sino la infelicidad humana, y los escritores, como los buitres, se alimentan preferentemente de carroña.

Mario Vargas Llosa
Historia secreta de una novela (1971)

miércoles, 29 de agosto de 2007

Lucidez

Con mi encadenamiento a la tierra pago la libertad de mis ojos.

Antonio Porchia
Voces reunidas (1989)

En esto creo (también)

La calidad de la poesía se define por la rapidez y el vigor con que impone sus proyectos perentorios a la naturaleza inerte, puramente cuantitativa del léxico. Hay que atravesar velozmente todo el ancho de un río atestado de barcas que se mueven en todos los sentidos: así se constituye el sentido del discurso poético. No es un itinerario que pueda trazarse preguntando a los barqueros: ellos no podrán decir ni cómo ni por qué saltó usted de barca en barca.
---El discurso poético está tejido como un tapiz cuyas múltiples tramas no se distinguen más que por el color que les confiere la interpretación, por el escalonamiento de las distancias en las que se mueven sin cesar las señales imperativas de la instrumentación.

Osip Mandelstam
Conversaciones sobre Dante
(Traducido del ruso al francés por Louis Martinez [1977], y del francés al español por Marilyn Contardi y Cecilia Beceyro [1994])

lunes, 27 de agosto de 2007

Asombro sencillo

Porque la poesía es mi explicación del universo, mi convivencia con las cosas, mi participación en lo real, mi encuentro con las voces y las imágenes. Por eso el poema no habla de una vida ideal sino de una vida concreta: ángulo de la ventana, resonancia de las calles, de las ciudades y de los cuartos, sombra de los muros, aparición de rostros, silencio, distancia y brillo de las estrellas, respiración de la noche, perfume del tilo y del orégano.

Sophia de Mello Breyner Andresen
"Arte poética II"
Desnuda y aguda la dulzura de la vida (2002)

domingo, 26 de agosto de 2007

Dilema y radicalismo nutricional

Aristóteles, cuentan, gustaba de las ensaladas y, parece ser, durante las sesiones en las que instruyó al famoso Alejandro que la historia nos ha hecho admirar, no comía otra cosa que no fueran vegetales cocidos levemente con una pizca de sal y aderezados con distintos tipos de aceite de olivo. Feliz digestión debió tener el insigne maestro, verduritas sanas y, supongo, deliciosas para su griego paladar. Quizá por eso se asocia al vegetarianismo con la inteligencia y la sobriedad, quién sabe.
---Por otro lado, Tomás de Aquino, de acuerdo con ciertas crónicas de la época, solía degustar enormes cantidades de alimento sin distingo entre los reinos: lo mismo un lechón que enormes tazones de fruta o espirituosas bebidas que lo conectaban con el cosmos. Se dice lo mismo de Kant (adicto a los banquetes de numerosos platillos), de Lutero (grosero y sucio engullidor de casi cualquier cosa) y otros tantos exiliados de la conciencia salutífera que conmina a supeditar la dieta a lo que “caiga bien”.
---La lista de practicantes ilustres de ambas posturas con respecto a la alimentación es numerosa, pero en ninguno de tales casos el hecho de que se coma tal o cual cosa riñe con el intelecto pródigo. De aquí que discutir sobre el tema sea ocioso y poco menos que inútil. Aunque viene al caso por cierto malestar que me causa no ser capaz de tomar una decisión definitiva con respecto a qué demonios debo comer.
---En estos tiempos, tonto y ridículo que soy, me debato entre continuar con mis más preciadas costumbres de consumo inmoderado o seguir los consejos (bienintencionados, supongo) de los médicos o mis numerosos amigos vegetarianos. Por supuesto, en más de una ocasión he proferido alabanzas desmedidas en pro de Balzac y ofendido hasta la blasfemia la memoria de Bernard Shaw. Pero no dejo de pensar en el riesgo que implica el disfrute de lo inconveniente y tampoco me abandona la idea de que mi ánimo tocaría fondo si acato las normas de lo apropiado, lo que hace “estar bien de salud”. ¡Oh, paradoja irresoluble que inflama el espíritu endeble de los adscritos a la religión común de los sabores simples que nos llevan a la tumba con prisa denodada!
---Quiero creer que mi asunto no es ir tras la longevidad sino acercar mis huesos a un mejor sentir en términos de goce y satisfacción de cara a lo que pueda venir, el inconveniente sigue siendo mi casi nula disciplina en ese menester de cuidarme con minucioso y mentido afán cada que el cuerpo me reclama. “Piedad para el que sufre” reza un pertinente bolero que retrata mi situación y condena en estos momentos. Lejos temo ver (entonces) los días de vino, rosas, robustos cortes de vacuno difunto a la mesa y perniciosos condimentos que desintegran deliciosamente el estómago.
---En fin, tristezas más o menos, esta sucia condición descastada del que vive con miedo de verse forzado a huir del sabroso infierno para lamentar después su impuesta búsqueda del paraíso saludable, me trae deshecho y dando tumbos ante el espectáculo de quien asume el gozo sin culpas y, sanamente, ignora el riesgo. Dichosos ellos que con todo mi corazón envidio.

sábado, 25 de agosto de 2007

La maga pampera dice...

Analizar el lenguaje de la poesía en sus sonidos y en sus resonancias es atrapar a un coleóptero, a un ángel, a un dios en estado natural y salvaje y someterlo a injertos y disecciones, hasta lograr un cadáver amorfo. Los poetas conviven con las palabras. Sí, las nutren, las mastican, las aplastan, las pulverizan; combaten por saber quién sirve a quién, o pactan con ellas, o tienen una relación semejante a la de los amantes. La poesía es un organismo vivo, rebelde, en permanente revolución, en permanente metamorfosis.
---(...) sólo puedo decir que más allá de cualquier posible discrepancia de acción y de fe, la poesía es un acto de fe, una crítica de la vida, un cuestionamiento de la realidad, una respuesta frente a la carencia del hombre en el mundo, una tentativa por aunar las fuerzas que se oponen en este universo regido por la distancia y por el tiempo, un intento supremo y desesperado de verdad y rescate en la perduración.

Olga Orozco
Alrededor de la creación poética

viernes, 24 de agosto de 2007

Del maestro Donoso...

Es que las narraciones, para sobrevivir, deben ser más que un acopio de datos entrelazados en la cadena del tiempo: es necesario cierto soplo para animar el cristal de la imaginación de modo que, no transparentes sino traslúcidas, retengan una parte de la mirada, rechazando su función de transparencia total para que así la imagen retenida dé paso a otra imagen tan completa que se desintegre al tocar el desorden lineal de la realidad.
---
José Donoso
Conjeturas sobre la memoria de mi tribu (1996)

jueves, 23 de agosto de 2007

Visión parcial del gran relator

Mucho antes de que Scherezada se volviera la relatora que unificara una tan extensa como diversa tradición de narraciones orientales, las comunidades nómadas donde tales relatos se originaron ya sabían que el motivo de Dios para crear el mundo no era un propósito ligado a la trascendencia sino su amor por las historias. Como cualquier lector, Dios pudo, en un momento de ansiedad, imaginar las historias y toda la múltiple variedad de estrategias, tonos y momentos en que podrían ser contadas. Por tanto, no hablo sólo de un creador omnisapiente, ejercito la humana y simple potestad de imaginarlo mirando el escenario que dispuso para emocionarse con nuestras risibles o trágicas cabriolas. Dios, quiero suponer, me parece imposible sin un amor desmedido por la imprevisión y la voluntad de interferir lo menos con nuestra imperfecta naturaleza que, gracias al cielo, produce y reproduce todo giro narrativo probable (incluso, creo, improbable; no puedo pensar en la permanencia de un juego combinatorio que haya agotado sus finitas variantes y, para bien o mal, seguimos aquí).
---Si alguien me habla de Dios como “el gran relator” yo no podría disentir pero, tiendo a suponer, a veces las cosas y los eventos indican o parecen dejar ver su intención de disponer los materiales necesarios para que, por sí mismos, iniciaran una progresión interminable, una móvil mixtura de todo lo imaginable, un batido sin fin del que sólo percibimos ecos poco claros, siempre en su vehículo sonoro de lenguajes. El que relata (más si se trata de Dios mismo) sabe que sin la libertad de lo que crea es imposible una historia que seduzca, conmueva, interese; además, conoce que dicha libertad no resulta comprensible o, al menos, apreciable, sin un determinado marco de orden para suceder. Un cuento ha sido siempre la zona confusa donde ciertos eventos aspiran a encontrar un equilibrio que los haga posibles. Lo que venga, es cosa de un futuro que no puede saberse.
---El relator no es un tirano, no puede; esto es, rige pero algo escapa de modo inevitable. Es en esa fuga donde radica lo imprevisto necesario, es en esa grieta donde vive la posibilidad interpretativa y se produce el gozo, la feliz noticia de que hay momentos en la línea del tiempo capaces de poner ante nosotros una muestra sencilla y difícil de que nuestros asuntos como seres no se limitan a lo puramente material, que gracias a esas imperfecciones es que podemos reconocernos falibles e interesantes. En esas mismas aberturas es donde los propósitos valen muy poco y la libertad de lo narrado opera sus mecanismos invisibles y arbitrarios. No hay lectura posible sin ese reconocimiento, o bien, lectura que pueda permitirnos alguna brecha de insondable ejercicio imaginativo que nos haga distintos y, como de vez en cuando creo, mejores.
---La formación personal es la que deja ver el mundo para referirlo en nuestros propios términos. Podemos estar condicionados por el tiempo y el lenguaje, por los hechos del universo cercano y la genética, por lo que se les ocurra, pero es en esa particularidad donde florecen los senderos de un jardín inacabable, las estancias de una biblioteca finita pero imposible, las traiciones sin motivo pero reales, las canciones olvidadas pero presentes, las flores de perfume imaginable. Pero claro, como Dios mismo (valga la blasfemia), llegamos a los relatos con la impotencia de quien aprecia y espera condicionado por la arena que cae sin detenerse. Estamos en un relato inmenso construido de relatos que a su vez contienen otros, y no hay salida posible.
---Llegar a la palabra escrita es apenas un sucedáneo de vivir inmersos en un mar de narraciones comunes; toda casa es un texto que se abre y cierra en las estancias del día, la familia es un compendio de cuentos donde la sangre común imprime su sello a lo que ha pasado para modificarse en palabras que no terminan de aparecer. Leer es una hermosa prisión de puertas abiertas a la que debe entrarse con la sumisión crítica de quien se deja seducir porque se sabe vivo y con eso basta.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Residencia en Neruda

Siempre he creído en la poesía como una forma de la negación, como un producto o criatura que, en palabras de Neruda, nace “de un largo rechazo”. Ignoro si topé con ella por azar, si acaso me llamó o dio conmigo, si la busqué desde la infame nube de preguntas que fue la infancia para mí. Mi memoria no registra ese punto oscuro donde la lengua se tuerce y transforma, donde los ojos comienzan a borrar la superficie de las cosas y aquello que las nombra. Puedo rememorar la crespa cumbre de un árbol desde donde vi las formas de la luz como lo único. Puedo evocar, también, palabras que la gente arrugó como basura y lanzó al cesto común de mis oídos. Pero aunque bendiga las voces distraídas de aves ya muertas o el dolor que producen los venenos, no tengo la más mínima idea del comienzo de todo.
---La poesía puede ser concebida como una forma acendrada de la intuición, como algo que ofrece una respuesta clara e inservible que no puede referirse. Cuando escribo esto sólo tengo en cuenta mis impresiones y no pretendo establecer concepto alguno; me interesa más imaginar ese instante de encuentro donde queda la boca sin respuesta porque la razón no puede descifrar el truco que la realidad le ha impuesto como por azar. Incluso el lenguaje, dicho o escrito, ese rostro habitual del poema, no puede verse como un conjunto de piezas móviles que dependan por completo de nosotros; se trata de un proceso vivo, la escritura es el ejercicio de un accidente y cada gramática es un registro inacabado. Con esos materiales se desempeña el oficio más inocente y de mayor misterio de cuantos conozco.
---Dar con una línea o escuchar los sonidos tejidos de la calle nos conduce o hace detener, nos deja una impresión de verdad o cosa parecida que obliga a la coincidencia, pero siempre bajo el convencimiento de que no es definitiva dicha impresión. Neruda dice: “Hay algo enemigo temblando en mi certidumbre”, y ese enemigo es un NO que se opone a la existencia particular pero la confirma. Tal NO es el vértice donde se anudan las interrogantes y de donde parten los hilos con que se escribe la diaria prueba de que sentimos y que tal condición inexpresable nos determina. Por ese NO es que se fabrica otra vía que ofrece cauce a la intención de dar con algo que siempre queda más allá. El poema es la medida de esa tentación y ese acercamiento. Quien escribe, reordena y se basa en lo percibido y su interpretación. Quien escribe poemas añade a lo anterior la condena de saber que no se consigue timbrar el ánimo de otro sin alejarse de las convenciones; por eso el lenguaje debe ser transformado (sin atender a cómo pueda describirse tal mutación). El poeta apenas concibe una casa modesta que habrán de habitar los demás. Leer es levantar un templo cuyo dios aparente debe desaparecer para dar sitio al culto de su pobre testimonio, ahí donde todos (sin excepción) podemos encontrarnos.
---Así como no guardo memoria de un principio, tampoco tengo certeza de hacer lo debido. Me agrada la imagen del pez que se ve condicionado por el agua pero sueña con el aire sin saber nada concreto del mismo. Y, para no evitar una tercera mención, me adscribo al modo como Neruda, en un verso memorable, describe el estado del poeta como “un ruido de espadas inútiles que se oye” en el alma. En las palabras, aunque sean transformadas por el uso, late un ruidoso secreto del que apenas conocemos un eco que nos rozó durante el sueño. Y que no sirve de nada; quizá por eso sea tan necesario.

martes, 21 de agosto de 2007

Stevenson apunta un sueño

En la experiencia particular, no valen todas las obras humanas de todos los siglos para anular un evento personal, único, que hayamos teñido de trascendencia. El punto, claro, no estriba en el hecho de la trascendencia, de ahí la suavización que se busca al utilizar el verbo teñir. Lo que digo es, como ya alguna vez lo dejó sentir Catulo o lo entrevió Shakespeare o lo escribió Stevenson, que en ocasiones basta presenciar un hecho o participar de él para que la memoria elabore una compleja maraña de relaciones que conducen la vivencia al plano del recuerdo imborrable.
---Así como cierto amigo mío evoca y otorga significados a ese momento en su pasado cuando conoció una huerta que pertenecía a su abuelo; un día en el que comenzó a preguntarse los porqués de la extraña floración del mango, la frescura del agua de la noria o los varios dibujos de la luz que cae filtrada por la fronda de un chicozapote; así eligió Sergio Pitol plantear un relato/ensayo donde la importancia del punto de vista en la narrativa se relaciona íntimamente con el hecho de recorrer Venecia sin anteojos y hacerlo de nuevo al día siguiente, cuando los había recuperado. También Seamus Heaney, en un texto maravilloso, describe lo que rememora como su primer encuentro con la experiencia poética a través de contar como, cuando niño, entró en un campo sembrado de guisantes y se recostó en el centro para perder cualquier noción de ubicación, pasar por la extrañeza y acabar en el más puro y desconocido asombro.
---Aunque en este instante cito mayormente casos que han llegado a mí a través de la lectura, no defiendo el texto por sobre lo vivido, jamás podría colocar alguna obra determinada sobre la estatura humana de nadie. Y no trato de moralizar sino de colocar en perspectiva que, por mucho que digan ciertos radicales, aunque la vida forme parte ineludible de la obra de arte, esta NO ES la vida; puede parecerse, evocarla, hacerla sentir, formar parte de, hacernos decir que lo es, pero simplemente no. En todo caso, si llegara a “serlo” se vería condicionada (cualquier obra de que se trate) por su temporalidad. Si acaso la obra llegara a ser la vida, sería por un breve lapso que, presiento, ni siquiera notaríamos.
---No se trata de que las cosas o los seres estén vivos, es la conciencia la que nos hace admitirlo o concederlo o descubrirlo; por este motivo, la fuerza imaginativa no carece de crédito y ha producido sorprendentes obras que vencen cualquier esfuerzo hermenéutico. No puedo negar lo que se pierde, lo que el tiempo deshace o transforma, pero nuestros discursos no valen un gramo de nada ante la contundencia simple de todo lo que late sin la voluntad magnánima de un ser que cree saberse conciente de las cosas y funda certezas que habrán de vencerse mañana o cuando pulse la siguiente tecla.
---Si vuelvo a la literatura, es ahí donde veo el sueño lúcido de Stevenson de incluso desear que no haya libros con tal de que la compasión fuese una regla general entre los seres dizque pensantes que habitamos esta ínfima pelota estelar. El escritor inglés no diserta, no reflexiona, apenas apunta un deseo tras escuchar a un igual distinto referirle dudas y opiniones cuya lógica sencilla derrota las explicaciones. Hace poco alguien me decía sobre no sé qué “Es que eso es absurdo” y precisamente ahí es donde el problema radica, somos incapaces de aceptar que la razón, con todo y lo necesaria que es, no pasa de ser invención nuestra y nuestra raíz inexpresable da con ella en el suelo siempre, siempre, siempre.
---Sí, ya sé, me he ido en banda de nuevo. Pero bueno, ya decía Sterne que sin la digresión no hay literatura posible. Y este espacio no es terreno para la pontificación sino para la libre exposición de impresiones (en la pobre medida que el lenguaje y mi capacidad de usarlo permitan). Por mucho que trato de convencerme, no veo muchos sueños que rebasen en belleza al que apuntó alguna vez el autor de La isla del tesoro. Puedo agradecer a Borges la pista que me condujo a Stevenson y agradecer a éste por llevarme a donde no sé pero persigo.

Dos margaritas de un imprescindible...


-El poema gana si adivinamos que es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho.
["El otro"]

-Las palabras son símbolos que postulan una memoria compartida.
["El congreso"]

Jorge Luis Borges
El libro de arena (1975)

viernes, 17 de agosto de 2007

Miren quién se justifica...

La bombilla encendida, la casa silenciosa, la oscuridad del exterior, los últimos momentos de vigilia, todo ello me da derecho a escribir aunque sea las cosas más deplorables. Y me apresuro a usar este derecho. Así soy yo.

Franz Kafka
(Diarios, 25 de diciembre de 1910)

jueves, 16 de agosto de 2007

Tatuaje de signos atroces

Tres semanas antes de morir, el poeta Abigael Bohórquez entregó un ensayo a cierto amigo suyo, columnista del suplemento cultural de Excélsior por aquellos días, donde abordaba la poesía desde su perspectiva de lector. Dicho ensayo, que yo recuerde, jamás fue publicado pero conozco su contenido gracias a una lectura fortuita que se realizó el día en que la única copia existente fue puesta en manos del columnista que menciono líneas arriba y que, todo indica, no pudo hacer llegar el texto a las prensas.
---En el ensayo se hacía una clara referencia a la poesía como “un tatuaje de signos atroces” y, de algún modo, la cita me ha acompañado desde entonces. No dejo de imaginar al poeta como un “enfermo” (Kafka me lo ha enseñado también, así se describe al especular en una carta sobre los motivos de su alejamiento de Milena Jésenska), incurable, que sufre y goza de una condición de la que no puede librarse; por eso quizá la palabra tatuaje funciona debidamente, por su doble carga de imagen indeleble que a la vez precisa de cierto rango de voluntad y aceptación para ser.
---Ahora bien, el tatuaje es sin duda un signo que remite a una temporalidad perdida en los orígenes de las sociedades humanas; sus formas de representación nos dicen algo incomprensible pero cercano y en lo que secretamente encierra su trazo conviven lo particular y lo colectivo. La poesía no carece de rasgos similares porque, no hay que olvidar, hubo un tiempo en el que no se hallaba aprisionada formalmente por el lenguaje escrito.
---Luego llegamos al adjetivo. La atrocidad se separa de lo que puede calificarse como terrible en un grado de intensidad mayor de lo común. Tampoco puede desligarse del miedo. Atroz pude ser una palabra útil porque, en cierto sentido ligado a lo ancestral, el poeta no deja de compartir el campo semántico de las palabras que lo pretenden designar con las que buscan definir al vidente, al intérprete lúcido que puede hacer suya la voz donde los otros pueden encontrarse.
---El papel que juega lo atroz es de radical importancia. La mirada interior del poeta no evita topar con el anverso de las virtudes que constituye, desde la más lejana antigüedad, nuestra nómina de términos descriptivos más usual. Desde el Gilgamesh, pasando por Homero, Virgilio, Dante, Villon, Skakespeare, Cervantes, Milton, Kafka o Blok para llegar a la contemporaneidad, no hay sensible variación en la evidencia que nos muestra como fruto inacabado de una pérdida o producto de una descomposición incesante. El mismo Bohórquez dijo también una vez: “No hay para el poeta una recompensa sino una condena doble: miseria y soledad”. La facultad de la videncia no augura otro beneficio que el desencanto (o el doble “desencanto y decepción” que reservaba W. B. Yeats para los verdaderos artistas).
---Tal vez por estas razones no me desagrada coincidir con Carlos Fuentes cuando en una entrevista menciona que “toda literatura procede del miedo”. Se trata de un temor a mencionar, a evocar de vuelta los poderes perdidos de la palabra a través del desgaste progresivo de los siglos. A esa claridad que espanta puede llegarse de múltiples maneras y el trabajo sin fin del poeta (aquí podría ampliarse el término para que abarque a cualquier artista) es la búsqueda continua de esa belleza diversa que admite adjetivos benévolos o temibles.
---Si la poesía es, como antes se dijo, “un tatuaje de signos atroces”, hago mía esa frase que consigue ligar sus palabras a la contundencia de una impresión que tengo y persigo compartir o evitar que sea desapercibida (a sabiendas del nulo éxito que promete una intención de este tipo). En ocasiones, hacen más falta los poetas de lo que creemos. Yo no tengo esperanza alguna en nada y, sin embargo, tengo una fe indestructible en los poderes nada inocuos de la lectura. El poeta (el de verdad) puede no saber de lo que habla, pero habla; conoce y desdeña el murmullo (tan, pero tan colectivo) que nos aleja de lo que somos íntimamente.