lunes, 7 de diciembre de 2015

Un préstamo cuyo cuidado olvidamos...

Los autores ya sólo hablan para sí mismos. Hacen como si el lenguaje sólo les perteneciera a ellos, cuando en realidad sólo nos ha sido prestado a quienes estamos vivos por un tiempo indeterminado. Sólo se nos permite emplearlo. En realidad les pertenece a los muertos y a quienes aún no han nacido. Tenemos que tratar esta posesión con mucho cuidado.

Gustav Janouch
Conversaciones con Kafka
(Ed. Destino, Barcelona, 2006)

domingo, 6 de diciembre de 2015

Locura cotidiana e incesante...

El deseo nos enloquece a diario y su carencia nos abandona a las sombras.

Pascal Quignard
La frontera
(Ed. Funambulista, Madrid, 2005)

sábado, 5 de diciembre de 2015

Pérdida de dominio...

Puedes dominar en tu propia ficción, pero en la ficción que otro construye para ti eres siempre un prisionero, un esclavo, un peón que se mueve, un instrumento.

Arnon Grunberg
Monógamo
(Tusquets Editores, Barcelona, 2009)

viernes, 4 de diciembre de 2015

Un personaje de verdad convincente...

Además de su fe ciega en la Santísima Trinidad, concepto que jamás ha intentado ser descifrado por su mente, Diego también cree en el beisbol. Específicamente el que se juega en la Liga Mexicana del Pacífico, a la que pertenece su equipo.

Hilario Peña
La mujer de los hermanos Reyna
(Random House Mondadori, México, 2011)

lunes, 30 de noviembre de 2015

Ominosos intercambios...

Cuando nos pensamos que estamos más libres de cuidados, no pocas veces lo hemos conseguido a cambio de permitir que nos aprisionen cadenas mucho mayores.

César Vidal
La hija del Papa
(Suma de Letras, México, 2011)

domingo, 29 de noviembre de 2015

Absolutamente todos...

Si los muertos son, como dice Pirandello, los "pensionistas de la memoria", los desaparecidos son como sus empleados: reciben mayor y más duradera cuota de memoria. Todos los desaparecidos.

Leonardo Sciascia
La desaparición de Majorana
(Tusquets Editores, Barcelona, 2007)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Irrecuperables e insuperables...

La felicidad y el pavor de la niñez son tan irrecuperables como insuperables. Somos carne y hueso de esa huida y de ese retorno del miedo total y de la despreocupación inocente.

Mauricio Tenorio Trillo
El urbanista
(FCE, México, 2004)