La arquitectura de un pueblo o ciudad establece un patrón tan claro de las vivencias y preferencias de sus pobladores como las costumbres de un hombre establecen los rasgos de un perfil de comportamiento.
EN UN BARRIO SILENCIOSO Y ALGO PERIFÉRICO DONDE VIVE EL ESCRITOR
Usted manejará como un maestro
prematuro
la conciencia del narrador pero no había
necesidad de arrollar a ese perro:
no esquivó una ambulancia ni fue que se enfrentara
al dilema moral
de aplastar una anciana
en su hogar.
Usted lo hizo sólo por maldad
y porque nadie lo estaba mirando.
Ángel Ortuño El amor a los santos (Ediciones El Viaje, Guadalajara, 2015)
La crítica es útil porque nunca nos convence pero casi siempre nos impresiona: nos moviliza. Al dejarnos insatisfechos y sorprendidos, los críticos nos obligan a volver a los autores para reconstruirlos después de la cirugía que ellos les han infligido. El crítico es un agitador cuyo discurso maléfico nos hace regresar a demonios que ya teníamos en reposo.
Las leyendas no tienen fecha. Las gentes, según su cultura, fijan un año u otro cualquiera, pero la narración, en su fondo intencional, vive tan fresca como un episodio de ayer mientras dura la fe que le dio origen.
Tuve la oportunidad de vivir en grandes metrópolis como París o Nueva York, aunque la primera ciudad de mi vida fue una capital de provincia, no tan distinta del medio rural pero lo suficiente como para diferenciarse del pueblo, y fue ella la que alimentó mi imaginación.