martes, 9 de febrero de 2010

Coincidencia y confesión...


A medida que me acerco a los cuarenta sin haber conseguido ninguno de los objetivos que me había propuesto, sin haber alcanzado la profunda creatividad -por la que me he esforzado durante años-, siento que adopto una posición menor, oscura, mediocre, que no es mi destino pero sí culpa mía, como si en algún momento me hubiera faltado el ingenio y el valor para ajustarme de modo competente a las formas que tenía a mano.

John Cheever
Diarios
(Emecé-Planeta, Barcelona, 2006)

* De este libro vendrán, forzosamente, más citas... Así que, espero, no sea de extrañeza ver por aquí más sentencias del buen Cheever...

sábado, 6 de febrero de 2010

Para recordar un buen poema...

Fe de vida

Esperar junto a este mar en el que nacieron las ideas
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de las orquídeas
en las calas olvidadas.

Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie con los relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.

Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con su muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
O con la luz de todos los azules.

Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano
como a puñado de sal.
O de luz.

Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón –¡al fin!– pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.

Antonio Colinas
Libro de la mansedumbre
(Tusquets Editores, Barcelona, 1997)

miércoles, 3 de febrero de 2010

Sin más patria...

Sólo quien la haya padecido, sabe qué vale. Cuánta noche exhaustiva, cuánto veneno en la pena del exilio. Hay que amar, de pronto, un calabozo expuesto, urdir planes que no llevan a nada, ni siquiera al hastío de la casa verbal. Nadie me despertará jamás de este contrapaso, del aura fosca que adviene cada vez. Ni con ambas las manos cual pájaro tamaño que curase la fiebre. He de morir así, sin más patria que esta versión del deseo, sin más promesa que su incumplimiento.

María Negroni
La boca del infierno
(Mantis Editores, Guadalajara, 2009)

lunes, 1 de febrero de 2010

A modo de respuesta innecesaria...

Sustento, en fin, lo que escribí, y conozco
que, aunque fueran mejor de otra manera,
no tuvieran el gusto que han tenido,
porque a veces lo que es contra lo justo
por la misma razón deleita el gusto.

Lope de Vega
Arte nuevo de hacer comedias (1609)
(Espasa Calpe, Madrid, 1979)

jueves, 28 de enero de 2010

Murió Jerome David Salinger...

Falleció el día de hoy a los 91 años el excelente y excéntrico narrador norteamericano J. D. Salinger, después de pasar décadas sumido en la privacidad de su hogar, alejado del mundanal rüido y de la falsa sociedad. Como sea, no evitaré reconocer que su novela emblemática El guardían entre el centeno (The catcher in the rye) ha sido uno de los libros de verdadera importancia y, por un tiempo, motivo de sincero asombro y aprendizaje para mí. No en balde se siguen vendiendo, cada año, más de 250 mil ejemplares en el mundo de las aventuras de Holden Caufield y, por si eso fuera poco (y la estadística imposible de verificar), escuché decir a cierto escritor inglés que se trata, además, del volumen más robado en las librerías de los Estados Unidos, así como uno de los más solicitados en cualquier biblioteca de aquel país... No digo más, pretextos sobran para retornar a sus historias... Rest in peace...

miércoles, 27 de enero de 2010

Simplemente, siempre es mejor...

Los libros son maravillosos, pero la vida más allá de los libros siempre es mejor. Que los dogmáticos librescos no lo acepten así, nos debe tener sin cuidado: el verbo leer no debe conjugarse en imperativo. Hay que leer si nos place, y dejar de leer cuando los libros nos agobien.

Juan Domingo Argüelles
Si quieres... lee: contra la obligación de leer
y otras utopías lectoras

(Fórcola Ediciones, Madrid, 2009)

viernes, 22 de enero de 2010

No hace daño ni pasa de moda...

Nosotros todavía no aprendemos a pensar con verdadera libertad. No es una falla intelectual sino moral: el valor de un espíritu, decía Nietzsche, se mide por su capacidad para soportar la verdad.

Octavio Paz
Postdata
(Siglo XXI Editores, México, 1970)