martes, 9 de septiembre de 2008

"Están locos", por supuesto (y qué bueno)...

Como bien dice Lobo Antunes, "están locos". Nada de extraño pero todo de locura tiene 'premiar' la obra literaria de alguien, cualquiera. Pero, en ocasiones, vale celebrar que se trate (como en este caso) de un autor cuyo compromiso está siempre del lado del ejercicio de la escritura, con trabajo y sin adejetivos. "Yo sólo escribo", dijo también, y qué bueno; hay demasiados imbéciles que dicen hacerlo y se distraen de lo lindo buscando intervenir donde no corresponde o haciendo cabriolas para seducir reflectores... Albricias, porque ya hacía falta que el Premio FIL de Literatura recayera (como este año) en alguien no cuestionable.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Peludio

Hete aquí que ya vienes,
no hay otra alternativa que…

Abigael Bohórquez

I
Arenómada,
casi polvo de tan dispersa,
deslizueña en mi piel
masturvestida de viento y adioses.

II
Lujariosa,
débil demonio sin descanso,
lanza palabrasas
sobre este sordo,
cuerpobrecido ser que invadesdeñas.

III
Enloquesísmica,
profetípica,
acertijuega salivosa
en mi cuello que te llama,
que reclama
tu desastropical tacto
de aurora coronada.

IV
Mujerguida,
altivasta,
que sobervienes con artes
de prostitutriz con disfraz,
de damacróbata fragilástica,
no pongas en entredicho
mi falosado afán de vulvaciarme.

V
Ahuyentómame,
enfermámame,
salvadócil lumbre de plateados dedos;
despiertímame,
asombrázame,
bella bestiamada que sabe
donde sus dedos detonan,
donde labra su labio con limpieza
cicatristes marcas en mi cuerpo;
muerdecídete
y acobárdame la duda
que te miente,
que te mata.

VI
Toscándida,
arcaecida belleza
de muslocos movilentos;
amantórrida,
que dejas luz donde tu lengua pasa,
déjame serte solo,
solo y sin tiniebla;
permíteme volverme
pulposible enamorado,
amantosco,
osculoco explorador de tu axila;
déjame
libidivinizarte
en peludóciles vías
con mi dedo y con mi lengua,
leperávidos viajeros de humedades.

VII
Cuerposesa,
nalgáname un segundo
del tiempo que se agota
y el mar que se avecina,
penestruja la blandura de mi carne,
reincídeme,
repíteme,
acábame.

* Atendiendo a una petición coloco este poema aquí. Por alguna extraña razón a ciertas personas les gusta o por lo menos les divierte. Este mes cumple 15 años de haber comenzado a escribirse, bajo la guía de Abigael Bohórquez, entonces mi maestro (y, desde entonces, siempre)...

sábado, 30 de agosto de 2008

Esa forma de la posesión...

Siempre he creído que elegir un libro sobre todos los otros es algo que concierne exclusivamente a los fundamentalismos. Sólo los libros santos son posesivos. El libro literario no es celoso de otros libros y admite muchos amores. Aunque siempre hay libros que nos poseen más que otros y que nos hacen entrar en ellos más a fondo.

Alberto Ruy Sánchez
La mano del fuego
(Alfaguara-TV Azteca, México, 2007)

viernes, 29 de agosto de 2008

Necesidad de imaginar (I)

Viejo rudo, fornido y bien armado en términos discursivos, Conan Doyle -se sabe- creó uno de los personajes más famosos de la literatura (Sherlock Holmes), pero como tantos otros dicho "ser del aire" ha sido tan transformado por la imaginación popular (viciada o enriquecida por el cine -y de esto sobran ejemplos, baste ver cualquier película donde aparezca Mr. Hyde-) que no queda otra que regresar a los libros (ja).
Este asunto me viene a cuento porque de nuevo leí Estudio en escarlata (creo, de 1887), esa primera novela en la que nace (bajo el relato del Dr. Watson) la figura del ilustre detective 'amateur'. ¿Sorpresas? Claro. Sobre todo, olvidos. No recordaba (hacía tanto -más de 15 años- que no la leía) que el buen Sherlock puede ser brillante pero sus conocimientos se hallan limitados a ciertas áreas (Watson se asombra de que desconozca a Carlyle), además, se deja seducir con facilidad asombrosa por la adulación (y qué provecho saca de ese detalle el mismo Watson, algunas veces). Carajo, creo que mi mente guardó más la imagen de Basil Rathbone al interpretarlo en algunas películas que (en mi adolescencia) me parecían geniales, como vicio heredado de mi padre (lo mismo que mi afición al western).
Pero bueno, con todo, debo agradecerle al buen Conan Doyle que jamás olvide cómo las novelas tienen, entre sus más importantes componentes, el producir entretenimiento y despertar la imaginación reflexiva. Y, todavía más, dejar en boca de Holmes sentencias excelentes de las que se desprenden lecciones imborrables (una de las que más aprecio es aquella donde nuestro querido detective freak nos deja claro que "en ausencia de imaginación no hay horror posible"; y sigan preguntándose acerca de la importancia de leer)...

(Pretendo seguir leyendo los libros subsiguientes en que Holmes aparece, aunque todavía falta ver si me da para más basura nostálgica como esta)

sábado, 23 de agosto de 2008

El vuelo y la amargura

Al final no triunfamos los humanos, al final sólo triunfa el relato, que nos recoge a todos y a todos nos levanta en su vuelo, para después brindarnos un pasto tan amargo, que recibimos como una limosna última la declinación y la muerte.

William Ospina
Ursúa
(Alfaguara, México, 2005)

martes, 8 de julio de 2008

Sabemos...

... sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos.

Jorge Luis Borges
Arte poética

lunes, 7 de julio de 2008

Sonnet LXV

Since brass, nor stone, nor earth, nor boundless sea,
But sad mortality o'ersways their power,
How with this rage shall beauty hold a plea,
Whose action is no stronger than a flower?
O! how shall summer's honey breath hold out,
Against the wrackful siege of battering days,
When rocks impregnable are not so stout,
Nor gates of steel so strong but Time decays?
O fearful meditation! where, alack,
Shall Time's best jewel from Time's chest lie hid?
Or what strong hand can hold his swift foot back?
Or who his spoil of beauty can forbid?
O! none, unless this miracle have might,
That in black ink my love may still shine bright.

William Shakespeare