lunes, 17 de diciembre de 2007

so you want to be a writer?

if it doesn't come bursting out of you
in spite of everything,
don't do it.
unless it comes unasked out of your
heart and your mind and your mouth
and your gut,
don't do it.
if you have to sit for hours
staring at your computer screen
or hunched over your
typewriter
searching for words,
don't do it.
if you're doing it for money or
fame,
don't do it.
if you're doing it because you want
women in your bed,
don't do it.
if you have to sit there and
rewrite it again and again,
don't do it.
if it's hard work just thinking about doing it,
don't do it.
if you're trying to write like somebody
else,
forget about it.
if you have to wait for it to roar out of
you,
then wait patiently.
if it never does roar out of you,
do something else.
if you first have to read it to your wife
or your girlfriend or your boyfriend
or your parents or to anybody at all,
you're not ready.
don't be like so many writers,
don't be like so many thousands of
people who call themselves writers,
don't be dull and boring and
pretentious, don't be consumed with self-
love.
the libraries of the world have
yawned themselves to
sleep
over your kind.
don't add to that.
don't do it.
unless it comes out of
your soul like a rocket,
unless being still would
drive you to madness or
suicide or murder,
don't do it.
unless the sun inside you is
burning your gut,
don't do it.
when it is truly time,
and if you have been chosen,
it will do it by
itself and it will keep on doing it
until you die or it dies in you.
there is no other way.
and there never was.

Charles Bukowski
Sifting through the madness for the Word, the line, the way (Harper Collins, 2003)

domingo, 16 de diciembre de 2007

Deuda de indigno...

Sólo tengo conjeturas acerca de cómo surgió en mí el gusto por las historias o la gana (infantil e ilusa, por supuesto) de descifrar el incesante rompecabezas del mundo. No dejo de aceptar, por otro lado, que mi afición de hoy es cosa de no mucho lustre, creo que de haber sido más inteligente y menos irresponsable hubiera conseguido alegrar el corazón de mi madre con una mejor preparación o un decente desempeño en lo que hiciera. Pero, finalmente, las cosas son como son y no hay modo de cambiarlas.
---Aunque no sea el tipo más metódico, las virtudes del espíritu científico y sus magias fueron despertadas en mi espíritu gracias a un programa de televisión que, por aviso de mi maestra, descubrí mientras cursaba el sexto año de primaria. Cosmos, bajo la conducción del científico Carl Sagan, fue mi oráculo y el inicio de un asombro indescriptible y progresivo por el dato que llegó (en mí) a tener momentos de ridículo.
---El señor Sagan no solamente ofrecía la jugosa anécdota que ubicaba en tiempo tal o cual descubrimiento científico, también se desplazaba por el mundo para mostrar (en lo posible) los escenarios donde lo que refería se hubiera efectuado. Recorría la isla de Mileto y hacía notar el pozo donde Tales cayó por abstraído, surcaba el mar en el barco de Cook o visitaba añosas habitaciones donde ocurrieron milagros que hoy día venera la ciencia.
---En esas fechas (hace más de veinte años) pasaba la mitad de mi tiempo dibujando, jugando béisbol o comiendo, nada me interesaba más; lo fascinante fue que la escuela (hasta ese momento aburrida y de nulo interés para mí) se transformó ese año en un lugar de descubrimiento verdadero gracias a mi maestra de sexto grado: la profesora Dolores Estrella Duarte.
---No exagero ni miento si digo que mucho de mi empecinamiento, mi terquedad para averiguar ciertas cosas o experimentarlas, se lo debo a ella. Mi grupo era un coctel de buenos estudiantes (increíble pero cierto) que prometía una explosión subversiva a baja escala en corto plazo, y ella supo manejar el tesón y la soberbia de muchos que hoy, estoy seguro, no dejarían de reconocerlo o dar gracias.
---Mi lección mayor (jamás aprendida de modo debido) fue la de la honestidad, la de no ser sino el que emocionalmente (en todo lo demás uno es tanta cosa que ni de uno depende) uno es. La profe Dolores podía estimarnos, pero no iba a permitir que eso le impidiera darnos un escarmiento cuando lo merecíamos (y vaya que era buena para eso). Yo fui una de las muchas bestezuelas inmundas que aprendieron mucho (bueno, ahora creo que no lo suficiente) con su ejemplo y dedicación.
---Sé que no podré darle las gracias del modo que merece pero tampoco ignoro que dentro de su prodigiosa memoria guarda algún recuerdo de mí. Sé también que mi generación completa, aquel grupo disperso y a veces execrable, sabe de lo que hablo y reconoce (o debiera reconocer) lo mismo.
---Imagino que si Dios es justo no puede ser manirroto, por eso convendría pedirle que estrellas de ese tipo, de tan enorme como infrecuente luz, no falten en el camino de cualquiera. Confieso que fui afortunado. Lamento sólo esta prosa innoble.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Para darle vueltas...

La soledad del escritor es muy profunda. Cada uno es único, tiene sus problemas, sus técnicas, que ha adquirido con mucho esmero*; está también su propia vida. No gana mucho hablando con conocidos (o desconocidos) sobre temas de literatura.

Marguerite Yourcenar
Con los ojos abiertos (Trad. Elena Berni. Emecé Editores, 1982)

* Bueno, es lo que debería ser. Quizá por eso resulta difícil llamar escritor a cualquiera, así nomás porque sí...

viernes, 14 de diciembre de 2007

Aparentemente simple...

Miles de intereses van surgiendo con el paso de los siglos, y miles de ellos perecen; ahora es una extravagancia o un arte perdido lo que fue una vez la moda de un imperio, y sólo son asuntos eternos los que nos enardecen hoy y enardecieron a los hombres en todas las épocas del pasado.

Robert Louis Stevenson
Recuerdos y semblanzas (Editorial Siete Mares, Madrid, 2006)
[La traducción es de Ana Escartín Arilla]

jueves, 13 de diciembre de 2007

Dátiles

Jabbar Yassin Hussin, narrador iraquí, poco después de la entrevista que hube de hacerle, prosigue la charla (no sin dificultad, entre su atropellado inglés y mi sumamente insuficiente francés) y hablamos del café que ha dejado de nuevo sobre la mesa y los dátiles que comemos desde hace horas.
---Me cuenta cómo vio su casa ser derrumbada por un dinosaurio mecánico de color amarillo, a orillas del Tigris; que ser militante comunista le costó 30 años de exilio pero le ganó una lengua en la que ahora escribe; que los dátiles que comemos provienen de una plantación en California cuya cepa proviene de Irak; que la palma datilera fue la primera planta del paraíso y el primer abrigo del hombre…
---Yo le digo que, de niño, comí de los dátiles del patio de mi abuela y que dicha palmera (plantada por ella cuando niña, allá por 1933), junto a un árbol de limas y otro de uvalamas, forjaron mi primera imagen de lo que debió ser el paraíso…
---–No es raro –me dice –todos los hombres hemos tenido el mismo sueño…

(Conocí a Jabbar Yassin Hussin cuando vino a participar en la Cátedra Cortázar y en diversos eventos durante la edición XXI de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, si desean acercarse a su obra, puede conseguirse en español su libro de relatos El lector de Bagdad [Siruela, 2006])

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Chipocludo...

La imitación en literatura no es un problema moral sino artístico: todos los escritores utilizan, en grados diversos, formas ya usadas, pero sólo los incapaces de transformar esos hurtos en algo personal merecen llamarse imitadores. La originalidad no sólo consiste en inventar procedimientos; también en dar un uso propio, enriquecedor, a los ya inventados.

Mario Vargas Llosa
(Tomado de La orgía perpetua, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1975)

martes, 11 de diciembre de 2007

From the headmaster...

You see I'm trying in all my stories to get the feeling of the actual life across -not to just depict life -or criticize it- but to actually make it alive. So that when you read something by me you actually experience the thing.

Ernest Hemingway

En una carta enviada a su padre desde París, el 20 de marzo de 1925...
(Tomado de Carlos Baker ed., Ernest Hemingway: Selected letters, 1917-1961, Charles Scribner's Sons, New York, 1981)