viernes, 17 de agosto de 2007

Miren quién se justifica...

La bombilla encendida, la casa silenciosa, la oscuridad del exterior, los últimos momentos de vigilia, todo ello me da derecho a escribir aunque sea las cosas más deplorables. Y me apresuro a usar este derecho. Así soy yo.

Franz Kafka
(Diarios, 25 de diciembre de 1910)

jueves, 16 de agosto de 2007

Tatuaje de signos atroces

Tres semanas antes de morir, el poeta Abigael Bohórquez entregó un ensayo a cierto amigo suyo, columnista del suplemento cultural de Excélsior por aquellos días, donde abordaba la poesía desde su perspectiva de lector. Dicho ensayo, que yo recuerde, jamás fue publicado pero conozco su contenido gracias a una lectura fortuita que se realizó el día en que la única copia existente fue puesta en manos del columnista que menciono líneas arriba y que, todo indica, no pudo hacer llegar el texto a las prensas.
---En el ensayo se hacía una clara referencia a la poesía como “un tatuaje de signos atroces” y, de algún modo, la cita me ha acompañado desde entonces. No dejo de imaginar al poeta como un “enfermo” (Kafka me lo ha enseñado también, así se describe al especular en una carta sobre los motivos de su alejamiento de Milena Jésenska), incurable, que sufre y goza de una condición de la que no puede librarse; por eso quizá la palabra tatuaje funciona debidamente, por su doble carga de imagen indeleble que a la vez precisa de cierto rango de voluntad y aceptación para ser.
---Ahora bien, el tatuaje es sin duda un signo que remite a una temporalidad perdida en los orígenes de las sociedades humanas; sus formas de representación nos dicen algo incomprensible pero cercano y en lo que secretamente encierra su trazo conviven lo particular y lo colectivo. La poesía no carece de rasgos similares porque, no hay que olvidar, hubo un tiempo en el que no se hallaba aprisionada formalmente por el lenguaje escrito.
---Luego llegamos al adjetivo. La atrocidad se separa de lo que puede calificarse como terrible en un grado de intensidad mayor de lo común. Tampoco puede desligarse del miedo. Atroz pude ser una palabra útil porque, en cierto sentido ligado a lo ancestral, el poeta no deja de compartir el campo semántico de las palabras que lo pretenden designar con las que buscan definir al vidente, al intérprete lúcido que puede hacer suya la voz donde los otros pueden encontrarse.
---El papel que juega lo atroz es de radical importancia. La mirada interior del poeta no evita topar con el anverso de las virtudes que constituye, desde la más lejana antigüedad, nuestra nómina de términos descriptivos más usual. Desde el Gilgamesh, pasando por Homero, Virgilio, Dante, Villon, Skakespeare, Cervantes, Milton, Kafka o Blok para llegar a la contemporaneidad, no hay sensible variación en la evidencia que nos muestra como fruto inacabado de una pérdida o producto de una descomposición incesante. El mismo Bohórquez dijo también una vez: “No hay para el poeta una recompensa sino una condena doble: miseria y soledad”. La facultad de la videncia no augura otro beneficio que el desencanto (o el doble “desencanto y decepción” que reservaba W. B. Yeats para los verdaderos artistas).
---Tal vez por estas razones no me desagrada coincidir con Carlos Fuentes cuando en una entrevista menciona que “toda literatura procede del miedo”. Se trata de un temor a mencionar, a evocar de vuelta los poderes perdidos de la palabra a través del desgaste progresivo de los siglos. A esa claridad que espanta puede llegarse de múltiples maneras y el trabajo sin fin del poeta (aquí podría ampliarse el término para que abarque a cualquier artista) es la búsqueda continua de esa belleza diversa que admite adjetivos benévolos o temibles.
---Si la poesía es, como antes se dijo, “un tatuaje de signos atroces”, hago mía esa frase que consigue ligar sus palabras a la contundencia de una impresión que tengo y persigo compartir o evitar que sea desapercibida (a sabiendas del nulo éxito que promete una intención de este tipo). En ocasiones, hacen más falta los poetas de lo que creemos. Yo no tengo esperanza alguna en nada y, sin embargo, tengo una fe indestructible en los poderes nada inocuos de la lectura. El poeta (el de verdad) puede no saber de lo que habla, pero habla; conoce y desdeña el murmullo (tan, pero tan colectivo) que nos aleja de lo que somos íntimamente.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Un poema bellísimo de un viejo admirable...

sueño que no se entiende
a sí mismo/delirio
fiel solamente a la palabra que
se hace noche/reflejo

que arde solo/oro oscuro
en la pasión de nadie que es de todos
y abandonada luz/no sabe
lo que dice/ve sin ver/se piensa

como dolor/es clara la hermosura
de su memoria aterrada
en cada despertar/el desgarrón

de la conciencia y la mano que toca
el peso de sus entrañas como
voz sin destino/

Juan Gelman
Incompletamente (1997)

martes, 14 de agosto de 2007

Simultaneidad...

¿Con qué me quedo? ¿Con la profundización crítica o con una sorpresa estimulante? Creo que me quedo con ambas cosas, anárquicamente intercaladas y simultáneas. La simultaneidad en el trabajo creativo viene de la profundización: a veces, excavando a fondo la tierra se ve de repente un fulgor, una gema inesperada.
---
Clarice Lispector
Un soplo de vida (1978)

lunes, 6 de agosto de 2007

Sugerencia (de algo puede servir)...

Cuando escribo, procedo por series: tengo muchas carpetas donde meto las páginas escritas, según las ideas que me pasan por la cabeza, o apuntes de cosas que quisiera escribir. Tengo una carpeta para los objetos, una carpeta para los animales, una para las personas, una carpeta para los personajes históricos y otra para los héroes de la mitología; tengo una carpeta sobre las cuatro estaciones y una sobre los cinco sentidos; en una recojo páginas sobre las ciudades y los paisajes de mi vida y en otra ciudades imaginarias, fuera del espacio y del tiempo. Cuando una carpeta empieza a llenarse de páginas, me pongo a pensar en el libro que puedo sacar de ellas.
---
Italo Calvino
(Fragmento de una conferencia pronunciada por el escritor -en inglés-, el 29 de marzo de 1983, para los estudiantes de la Graduate Writing Division de la Columbia University de New York [traducción: Aurora Bernárdez])

domingo, 5 de agosto de 2007

Patios

Todos los patios son particulares. El poeta latino Varrón consignaba, en una célebre alabanza a la vida pastoril, que en ningún otro lugar podía hallar la paz necesaria para la reflexión como en su solar de descanso en una villa no muy lejos de Roma. Comentaba también que no concebía mejor sitio para comer (bajo un enorme sauce que presumía poseer en su jardín, al lado de acacias, flores varias, un encino y dos menudos olivos), fuera un buen amasijo de verduras frescas aderezadas con aceite o pan remojado en los jugos de la carne que probaría, seguramente, en la noche mediterránea.
---Así como él, Santo Tomás gozaba de pasar ratos nada cortos bajo la luz solar de la tarde contemplando el cerco de flores que delimitaba su pequeño patio trasero, sólo Dios sabe qué demonios pasaba entonces por su cabeza pero no parece extraño que hubiera tomado la siesta o bebido un poco de vino.
---Laurence Sterne poseyó por muchos años una casa de campo que visitaba con frecuencia para poder jugar con sus perros, entablar alguna partida inofensiva de cartas con algún amigo, leer un buen libro o repasar los sermones de sus próximas prédicas.
---La poeta Esmeralda Rivas Morejón, nacida en Paraguay hace casi dos siglos, dejó anotado en sus memorias que si algo extrañaba de su casa familiar era la extensión del patio donde podía correr tras alguna abeja o mariposa, retirar la hierba nociva de los limoneros o arrojar un gato a la profunda noria que se hallaba al fondo de la propiedad.
---Durante su infancia, recordaba el clarinetista sinaloense Cruz Montiel, la parte anterior de la casa de su hermana mayor daba hacia la ribera del Río Fuerte, ahí pasó muchos días mojándose la sesera o espiando lavanderas.
---Ahora, me viene a la memoria que hace pocos años llevé a mi sobrino a conocer el patio en ruinas del lugar donde me criaron sus abuelos (el pobre vive en una ratonera de interés social sin más espacio libre que nueve metros cuadrados con suelo de cemento); el niño pasó asombrado más de cuatro horas recorriendo cada planta desconocida, cada bicho ignorado, cada piedra y cada pregunta que se le ocurrió sin poner atención a la respuesta que se le daba. Claro, no quiso abandonar el lugar sino a precio de lágrima, reclamo y berrido, estaba materialmente encantado.
---No lo culpo, ese pedazo de tierra se convertía en laguna tras las lluvias, las noches de marzo y abril se cubría de copechis, zumbaba de avispas cuando floreaban los mangos, el viento de diciembre conversaba ininteligible con los naranjos o el dátil, anidaban lechuzas blancas todo el invierno, había un alacrán bajo cada piedra, las raíces del guamúchil levantaban las losetas de la cochera, las hormigas dibujaron su ruta todos los veranos, las gallinas destruyeron cada intento de plantar hortalizas, los gatos del vecindario sufrieron el diente de los perros, la húmeda fronda de una higuera sirvió de escondite a una tortuga, todo tenía su sentido inexpresable.
---Más allá de la cursi evocación o la ramplona ridiculez de estas palabras, los patios bien parecen un espacio que no se retira ni desaparece. Pienso en mi sobrino que apenas habla y a partir de aquel día no deja de pedir que lo lleven a una casa que habrá de perderse dentro de poco y no volverá a pisar. ¿Puede darse una explicación que pueda eliminar el ansia? Parece que no. De cualquier modo, todo indica que tampoco yo veré muchas veces más ese patio.
---Me gusta la idea de pensar en los patios como Alberto Ruy Sánchez define los jardines en cierta novela (Los jardines secretos de Mogador), algo así como un espacio que uno encuentra a través del deseo para reinventarlo una y otra vez. Sin sucesos como estos es imposible que las palabras sirvan para más cosa que indicar, describir o señalar lo burdamente necesario. De modo feliz, nadie puede evadir la necesidad de volver a la imagen difusa del pasado para aclararla con lo que involuntariamente nos acosa o seduce.

sábado, 4 de agosto de 2007

Coincidencia...

La literatura está disponible para todos y todos tenemos derecho a ella, hasta aquellos que van a escribir siguiendo unas normas arcaicas o expresando sus puntos de vista o intereses políticos. Incluso creo que el eterno predominio de la mala literatura es lógico y beneficioso. Sirve como plataforma de frustración que despierta la necesidad de buscar una obra valiosa, motivando así la creatividad y la receptividad.
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Dusan Velickovic
Amor Mundi (2003)