sábado, 7 de enero de 2012

Sólo -y siempre- en caso de...

Si nuestro mayor temor es hundirnos en la soledad y el olvido, la crueldad con la que el tiempo ha de ensañarse sobre todos y cada uno de nosotros siempre arrasará con más fuerza que las aguas turbias de cualquier río.

Miguel Syjuco
Ilustrado
(Tusquets Editores, México, 2010)

viernes, 6 de enero de 2012

Porque jamás desaparece...

Los accidentes son cosa de gente desafortunada, y la mala suerte puede transmitirse de padres a hijos, como un gen que sale a la luz y vuelve a ocultarse a lo largo de generaciones pero nunca desaparece.

Tania James
Mapa de los lugares sin nombre
(Ediciones Salamandra, Barcelona, 2011)

jueves, 5 de enero de 2012

De los fracasos del espíritu...

El que piensa sólo puede permanecer inmóvil. Pues el pensamiento roe como un ácido el decorado ficticio donde debe encuadrarse la acción. La esencia misma de la acción es el fracaso del espíritu.

Henri Troyat
Dostoievski
(Javier Vergara Editor, Bercelona, 2006)

martes, 3 de enero de 2012

Cinco dardos al corazón...

-En la experiencia estética el sentido está allí, pero no se impone. Lo que prevalece es una presencia de alguien o algo que uno no desea nombrar en ese preciso instante. La búsqueda de sentido nos aparta de aquello que se encuentra ante nuestros ojos.

-La poesía me atrae porque pone de cabeza a los pensadores.

-La tarea de la poesía es encontrar maneras de señalar a través del lenguaje lo que no podemos poner en palabras.

-Somos los huérfanos de las ideologías. (...) Nuestro salvajismo se distingue del de los siglos anteriores en que matamos casi exclusivamente para probar alguna teoría de la historia. (...) Vivimos bajo la sombra de tales mataderos intelectuales. El poeta que olvida eso vive en un paraíso de tontos.

-Las posesiones de los poetas -incluso las de los más grandes- son pequeñas. Unos cuantos objetos, unas pocas escenas vívidas y algunas figuras sombrías.

Charles Simic
El flautista en el pozo:
ensayos escogidos 1972-2003
(Ed. Cal y Arena, México, 2011)

lunes, 2 de enero de 2012

Para pesimistas culturales...

Me niego a pensar que la historia consagre a contadores de trivialidades o a falsos profetas de lo cool, esa bruma inocua que lo recubre todo de banalidad multicolor. ¿Puede la civilización vivir sin artistas ni escritores que escarben en sus entrañas? Tal vez por un tiempo, pero no indefinidamente. La única forma de no ser un pesimista cultural es confiar en que así sea.

Carlos Granés
El puño invisible: arte, revolución
y un siglo de cambios culturales
(Ed. Taurus, México, 2011)

sábado, 31 de diciembre de 2011

Calientito, calientito...

Pues, aunque no es estrictamente una "novedad", estos últimos días de 2011 aparece por fin este libro, Cuerpo en mi cuerpo, gracias a la buena voluntad e inmejorables oficios de Mantis Editores y Escritores de Cajeme; veremos en que queda todo pero, por lo pronto, ya -digamos- "existe" para que caiga bajo los ojos de aquellos que quieran o lo puedan conseguir o lo que sea. Acaba este año (y arranca el nuevo), con esta edición recién salidita del horno... Lo mejor para todos (ojalá), de corazón...

Ricardo Solís

viernes, 30 de diciembre de 2011

Una de esas contundencias...

Cojones duros

No bastan las veleidades, las furias y los sueños;
se necesita algo más: cojones duros.

C.P.

El extraño artilugio de un poema
es una imperturbable realidad
que soporta flemática, sin daño,
cualquier definición.

Es una joya
que resplandece en sus palabras justas,
las ágatas pulidas de una lengua.
Un silogismo para concebir
el hecho inconcebible de estar vivo.
Un camarada fiel que cobijamos
y en la noche del alma nos cobija,
Una semicorchea en el concierto
que interpretan los astros infinitos.

Y es una forma rara de aventura
que nos conduce hasta un país insólito:
esa estepa glacial de la emoción.

Para viajar allí, donde el poema,
un escritor requiere algunos víveres:
cierto devoto amor por los difuntos,
cierto olfato verbal, cierto talento,
cierta ebanistería del oficio,
cierto dios sabe qué de inexplicable.

Y en especial tener cojones duros,
para no sentir miedo de perderse,
para el delirio de apostar con fe,
para adentrase solo en tierra extraña,
para el forzoso puerto del fracaso.

Una fuerza moral.
Consiste en eso:
una fuerza moral contra el destino.

Carlos Marzal