La tarea de ser poeta no se cumple en determinado horario. Quien es poeta lo es siempre, y se ve asaltado por la poesía continuamente. Yo no creo que un poeta pueda sentarse deliberadamente y escribir. Si lo hiciera, nada que valga la pena puede resultar de eso.
¿Acaso no puedo inventar y construir una vida no vivida? (...) ¿Por qué me lleno de miedo cuando percibo que los lugares que visito son conocidos? ¿Por qué tengo la sensación de que ya estuve aquí? ¿Por qué reconozco los caminos, el olor de las flores, la ubicación de los paisajes, el gusto de los alimentos, la pesadez del viento y el color del sol?
Hay gente que se habrá comido en su vida no sé cuántos kilos de trigo hecho hostias, pero que no por eso es menos capaz de meter la mano en el bolsillo ajeno, soltarle una patada en la cara al moribundo o un escopetazo en la espalda al sano...
Todo acaba pareciéndonos tan denigrante que tenemos la impresión de que no puede ser que sea todo verdadero. Y, sin embargo, todo aquello que hemos vivido creyendo que alucinábamos, pues parecía improbable tanta ignominia y degradación juntas, es precisamente lo que constituye el núcleo duro de nuestra única realidad.