Las decisiones -sobre todo las equivocadas- crean su propio impulso, y a veces cuesta mucho frenar ese impulso (...). Incluso cuando prometemos cambiar, incluso cuando lamentamos y nos arrepentimos de nuestros errores, el impulso de nuestro pasado sigue arrastrándonos hacia abajo, por el camino del error. El impulso gobierna el mundo.
Creo que estar gravemente enfermo y estar enamorado son estados muy similares porque la presencia del amor y la enfermedad anulan todo lo demás. No hay cabida para ningún otro pensamiento o recuerdo. Es una locura insostenible que sólo puede terminar en anestesia o muerte.
Ningún crítico -ni aun siendo un genio- es capaz de aniquilar una obra de arte literaria que esté viva ni de dar vida a otra que esté muerta.
La actividad literaria siempre ha sido peligrosa: quien la ejerce con rigor, se arriesga a cosechar algún ataque; y el que siembra vientos, ese ya puede contar con que recogerá tempestades.
¿Conoce a alguien en todo el estado que no tenga algún tipo de trato con gente del narcotráfico? Más aún: ¿es posible, en Sinaloa, no tener ningún tipo de trato con los narcos? No hay familia que no cuente con al menos uno entre sus miembros más preclaros, e incluso gozan, a diferencia de los años en que el fenómeno apenas comenzaba, de buena reputación en la sociedad, para no hablar de la especial consideración que les deparan comerciantes y banqueros por igual. ¡Si hasta entre los curas se les acepta ya!